Mal Karma

De acuerdo con las teorías sobre el universo psicológico del casi-proscrito-de-la-ciencia doctor Carl Gustav Jung 😎, las coincidencias no existen y con ello comulgan algunos politólogos y sociólogos al hablar de la convulsionada política de la Globalización… Así que cuando descubrí, gracias a un libro de meditación china conocida como Falun Gong, que en el nombre del mexicano por obra y gracia de la administración Fox, Zhenli Ye Gon, está inscrita su fama, me han surgido más dudas sobre el caso más sonado de la pujante industria de la transformación de la pseudoefedrina made in Mexico en polvos malignos.

Resulta que Ye Gon significa algo así como mal karma, mala vibra o energía de la más baja ralea. Y por ello sigo preguntándome -quizá interrogando al gobierno mexicano- si es posible nacer y andar por la vida con un nombre así o, como dijeran los cubanos, el caso del empresario chino que planeaba erigir su narcoemporio es simple y pura jiribilla.

El periodista mexicano Raymundo Riva Palacio ha dejado entrever en el seguimiento puntual que ha hecho del caso del señor Mala Onda que éste podría ser apenas el ojo de una aguja por la que se enhebra una trama de auténtica complejidad multidimensional que no deja mucho espacio ya a los escritores de novela negra. Porque: ¿quién puede asegurar que el chino nacionalizado mexicano no es en realidad un agente internacional de Inteligencia o como suele suceder con frecuencia, un doble agente que caramboleó a Vicente Fox y al recién estrenado gobierno de Felipe Calderón con la deliberada intención de medir fuerzas, resistencias y permeabilidad a la corrupción?

La trama de esta que bien podría leerse en el futuro como una novela costumbrista del siglo XXI se enreda más cuando se conoce públicamente que Zhenli Ye Gon vivió tranquilo durante un rato en los Estados Unidos y podría haberlo seguido haciendo si no hubiese contratado a un abogado de gran experiencia mediática que en una rara coincidencia y casualidad del destino, resultó ser el representante legal de la organización de orientación budista que difunde la práctica de Falun Gong, a la cual algunas fuentes identifican como un grupo disidente del sistema político chino, presuntamente financiado por el Estado norteamericano… Chi lo sa?, diría Vito Corleone.

Empero, el asunto no queda allí. Al tiempo que estoy escribiendo estas líneas, que más que un artículo de opinión pretenden ser apuntes para el guión de un reality show de humor más negro que la conciencia de todos los protagonistas, se conoce que el caso del señor Mal Karma ya ha cobrado dos vidas: las de unos agentes altamente calificados de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) que fueron entrenados por la CIA y el FBI para combatir el crimen organizado y participaron activamente en el caso que condujo al hallazgo de la red mafiosa en la que Ye Gon, muy probablemente, apenas tiene un papel secundario.

Si no fuera porque el trasfondo del caso Mal Karma tiene el inquietante tufo de la podredumbre de un sistema político que agoniza a causa de la corrupción, al final hay una serie de elementos que lo convierten en una encantadora comedia de enredos en los que las coincidencias nunca son casuales, pero sí causales… ¿Y qué tal que…?

  • Que Ye Gon sea un agente encubierto del gobierno estadounidense
  • Que un poderoso capo del narco le haya regalado los 205 millones de dólares hallados en la casa de Ye Gon a alguien que no sabía cómo deshacerse de ellos y los dejó en lo que parecía una casa abandonada
  • Que Ye Gon sea un hombre “honolable”, víctima de un “compló” en el que le sembraron la lana para deshacerse de él y del dinero sucio
  • Que…

Ufff… En este punto, me permito sugerir, evocando Un Mundo Raro (México, 2001, dirigida por Armando Casas), que las autoridades judiciales convoquen a la ciudadanía para que presenten una conclusión interesante de lo que el propio presidente Felipe Calderón se aventó a llamar “cuento chino”.

Esto, con el propósito de desaburrirnos un rato de tanto escándalo que siempre nos deja como cuando me dispongo a ver películas en el Canal Once (por algún maldito complot que espero no sea por la escasez de presupuesto en Luz y Fuerza del Centro, invariablemente hay un apagón que me impide ver el final de la historia).

Propongo que gane el cuento mexicano más original, gracioso, pero sobre todo verosímil. Requisito indispensable: que no parezca versión pirata de ninguna película hollywoodense.

El material está ahí: los miles de fajos de dólares en efectivo escondidos en una lujosa casa; la apertura de una cuenta del gobierno mexicano con ese dinero, en un banco estadounidense, para que la lana no esté ociosa; la esposa abandonada al momento de la fuga del mexicano nacido en la tierra de Confucio; la dulce amante que trabajaba en un casino de Las Vegas, los dueños del casino que obsequiaron autos de lujo al cliente que perdía sistemáticamente; los acuciosos reporteros de una agencia informativa internacional que se guardaron la entrevista exclusiva con un prófugo de la justicia durante un mes, un aparato de Inteligencia de Estado que basa sus investigaciones en recortes de periódicos boletineros; pero sobre todo, un oscuro funcionario de gobierno que según decires del señor Mal Karma se atrevió a sentenciarlo: “o coopelas o cuello”.

El cuento, con todas las posibilidades de convertirse en una buena telenovela o una película de culto puede titularse Naricitas Blancas o Gripa Constipadita, por aquello de que todo gira en torno a cargamentos de pseudoefedrina que se convierten en cocaína… pero caramba: ¿Quién le manda a Ye Gon apellidarse Mal Karma, si -como decía el mal logrado y tenebroso conductor Paco Stanley- por una módica cuota en el registro civil te cambian de nombre? <<>>

www.silviameave.net

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