El Día Que Honduras Invadió México

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El Artículo 37 de la Ley de Migración de los Estados Unidos Mexicanos señala que para internarse en el país, todo extranjero debe presentarse en el “filtro de revisión” de cualquier puerto de entrada con documentos de identidad de su lugar de origen y, en su caso, una visa previamente solicitada para entrar a México.

Los visitantes exentos de presentar visa en México son los ciudadanos de Canadá, Estados Unidos de América, Japón, Reino Unido, cualquiera de los países europeos que integran el Espacio Schengen, los de los países miembros de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia y Perú), así como empresarios e inversionistas plenamente acreditados de la Región Asia Pacífico (APEC).

De tal modo que el ingreso multitudinario al país norteamericano de indocumentados, en su mayoría hondureños, ocurrido durante el fin de semana del 19 al 21 de Octubre 2018 es una flagrante violación a las leyes y soberanía mexicana, en nombre de la pobreza sistémica que se vive en esa nación desde el golpe de Estado en 2009.

En un sentido estricto, la irrupción ilegal de miles de extranjeros en el territorio mexicano tiene muchas aristas que no deben desdeñarse, como lo están haciendo muchos activistas pro Derechos Humanos en Norteamérica, que a lo largo de varias décadas han construido en el imaginario colectivo, el estereotipo emocional del buen migrante indocumentado, pobre y desesperado por alcanzar el sueño primermundista, el cual únicamente por esa condición supuesta, según la gente humanitaria, puede transgredir el contrato social que garantiza la libertad y la equidad dentro de los Estados.

La migración indocumentada no es un asunto que deba mirarse sólo bajo la lupa de los Derechos Humanos o de la pobreza producto del establishment neoliberal e imperialista. Sin ánimo de usar el chocante y racista vocabulario del presidente Trump, efectivamente es un tema de seguridad regional para Norteamérica, ese enorme barco comunitario al que nos subieron nuestros líderes políticos en 1994 y que por ratos parece naufragar.

INTRUSIÓN VIOLENTA

Los integrantes de la Caravana Migrante hondureña podían (y pueden aún ahora) solicitar una visa para desplazarse en México como visitantes o incluso pedir asilo humanitario temporal o permanente que es probable no se negaría a la mayoría. Sin embargo, una turba de miles de indocumentados ingresó a México por la frontera chiapaneca con violencia (apedreando a los policías federales que trataban de resguardar la aduana), y algunas fuentes periodísticas anuncian ya que se prepara una nueva oleada de desplazados que se sumaría a todos aquellos que, individualmente y por diversos medios, llegan al país con la intención de cruzar ilegalmente la frontera entre México y Estados Unidos, y al no conseguirlo se estacionan indefinidamente en el país.

Resulta evidente que en la primera incursión masiva, los ocultos líderes de los indocumentados centroamericanos buscaban provocar la represión de las autoridades migratorias mexicanas para fabricar un conflicto regional en carambola a cuatro bandas que enfrentase a México por igual con el gobierno hondureño y con la Administración Trump, y de paso aumentar la intensidad de la confrontación interna que persiste entre mexicanos desde la campaña política presidencial.

Baste mencionar que mientras el gobierno federal mexicano encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto se ha limitado a tratar de apegarse a las leyes de migración para controlar la irrupción ilegal de la Caravana Migrante, el mandatario electo Andrés Manuel López Obrador asumió el compromiso futuro de brindar refugio a latinoamericanos que huyen de sus naciones, y convertir los consulados mexicanos en Estados Unidos en “procuradurías de los migrantes”. Ambas posiciones – que no son obligadamente contradictorias – causaron revuelo y confrontación entre distintos sectores de la Opinión Pública norteamericana, sobre todo en México.

Los simpatizantes del presidente electo López Obrador piensan que la Administración Peña Nieto, al aplicar la ley, está convirtiendo a México en aduana estadounidense, idea reforzada por los tuiteos del señor Trump, aunque los mexicanos no deben minusvalorar la vulneración de la seguridad nacional a la que se someten sus fronteras sin un registro riguroso de todo extranjero que atraviese el país. Recuérdese que la entrada libre de colombianos a México ha propiciado el ingreso de bandas de la delincuencia organizada de ese país que ahora azotan a las ciudades más importantes de la nación.

Por otro lado, aunque el actual gobierno mexicano está haciendo lo que le corresponde ante la oleada de inmigrantes indocumentados, no ha sido lo suficientemente claro en explicar los acuerdos en la materia con el gobierno de Estados Unidos, ya que el presidente Trump, llevando agua a su molino electoral, como es su estilo, acentuó en su discurso xenófobo la técnica del apapacho y el garrote con su socio y vecino del sur.

En una retahíla de mensajes en Twitter, su medio de comunicación predilecto, el mandatario estadounidense publicó que “se están haciendo todos los esfuerzos posibles para evitar que el ataque (sic) de extranjeros ilegales cruce nuestra frontera sur. Las personas deben solicitar asilo en México primero, y si no lo hacen, los Estados Unidos los rechazarán (…)”.

Luego, en otro momento, escribió en tono apocalíptico que se estaba dando un asalto a su país en la frontera sur – si bien al cierre de esta edición los migrantes no han salido siquiera de Chiapas – y que con los hondureños venían criminales de Medio Oriente y traficantes de drogas (lo cual no está comprobado, aunque no puede descartarse), y remató que detener a la caravana “… es mucho más importante para mí, como presidente, que el comercio o el USMCA.”

O sea: Trump está aprovechando la irrupción de la Caravana Migrante para coaccionar a los gobiernos entrante y saliente de México y someter al país a sus dictados económicos, mientras asesta a los legisladores demócratas de su propio país un golpe de mercadotecnia electoral al acusarlos de poner en peligro a la Unión Americana con leyes migratorias “débiles”, en tanto que busca recortar el presupuesto para el desarrollo centroamericano como represalia por el éxodo indocumentado.

¿LA CIA, DETRÁS DE LA CARAVANA MIGRANTE?

Según fuentes oficiales hondureñas, el Partido Libertad y Refundación (LibRe) y el Partido Anticorrupción (PAC) están detrás de la llamada Marcha del Migrante o Caravana Migrante que salió el pasado 13 de Octubre 2018 de San Pedro Sula con alrededor de 6 mil integrantes, entre hombres, mujeres, niños y ancianos hacia los Estados Unidos de América, con el presunto objetivo de ingresar al territorio de la potencia norteamericana a buscar trabajo y vivienda.

Miembros de los partidos políticos mencionados rechazan la acusación del gobierno, asegurando que la organización de la caravana fue espontánea, aunque hay periodistas locales que creen que los organizadores apuestan a una intervención militar estadounidense en Honduras con el pretexto de frenar el hoy incontrolable éxodo indocumentado.

El senador republicano por Florida, Marco Rubio, también habló en Twitter de una situación prefabricada: “Si bien la migración ilegal a los Estados Unidos desde América Central está causada por una crisis real, la “caravana” de los migrantes fue fabricada por partidarios de una agenda radical que está utilizando a personas pobres y desesperadas para intentar avergonzar y minar a los Estados Unidos en la región. Pero va a ser contraproducente para ellos.”

Algunos analistas internacionales especulan, por otro lado, que grupos de poder econòmico interesados en la construcción del muro fronterizo entre Estados Unidos y México podrían ser los orquestadores de lo que pretende ser un desafiante éxodo masivo de países pobres al norte industrializado. Otros, como el periodista mexicano Juan Manuel Asai, señalan directamente a la CIA como promotora de la caravana, lo que de comprobarse, daría una dimensión inquietante a los auténticos propósitos de la oleada inmigrante, pues podríamos estar, entonces, ante un intento de desestabilización desde el norte en territorio mexicano durante el proceso de transición sexenal.

Como advierte Asai en su artículo “La Caravana Migrante de la CIA”, publicado en La Crónica de México, la mayoría de los migrantes son, a final de cuentas, instrumentos multipropósito del establishment y al margen de que ahí se da la primera violación a sus derechos humanos, también se están usando como arma biológica (en sentido literal) para acelerar la descomposición del tejido social y la identidad nacional de los mexicanos, socavados por la guerra anti-narco y la violencia del crimen organizado.

Desde luego, los miles de migrantes que viajan en la caravana están en grave peligro dentro del territorio mexicano; pero México, al permitir el paso franco y sin control de los hondureños, revela una vulnerabilidad que pone en el corto y en el largo plazo, a su población, a merced de cualquier crisis, desde sanitaria y alimentaria hasta terrorista

Nadie querría ver al ejército mexicano frenando a los migrantes hondureños ni que se repita la separación de familias que cruzan fronteras ilegalmente con niños y ancianos; pero, por seguridad regional, México debe tener un plan B ante el previsible rechazo estadounidense de los migrantes y potenciales infiltrados que inevitablemente se dispersarán en el territorio mexicano mientras aguardan su oportunidad para lograr sus objetivos. 

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Cálamo&Alquimia®

 

 

 

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#CDMX: La Misma Gata, pero Revolcada

Por si estaban preocupados: Diputados mexicanos aclaran que reforma política del Distrito Federal no es su transformación en un estado o entidad federativa, sólo será una “demarcación territorial” sui generis (diputada Cecilia Soto dixit) con un mayor número de burócratas.

Por lo pronto, la Asamblea “Constituyente” de la próximamente llamada Ciudad de México (CDMX) tendrá 40 por ciento de “diputados” designados por dedazo desde Senado, Presidencia de la República y el Gobierno del DF.

Los habitantes de las delegaciones capitalinas no deben aspirar ni en sueños a ser parte de algún municipio autónomo, que es la entidad administrativa básica de una república democrática.

Según la etimología latina, el concepto contemporáneo de municipio se remite al municipium romano, que era una ciudad libre que se gobernaba por sus propias leyes, aunque estaba asociada a la estructura política del imperio romano y que fue adoptado más tarde por el sistema republicano.

El artículo 115 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, correspondiente el título Quinto “De los Estados de la Federación y del Distrito Federal” establece que:

Los estados adoptarán, para su régimen interior, la forma de gobierno republicano, representativo,democrático, laico y popular, teniendo como base de su división territorial y de su organización política y administrativa, el municipio libre (…)

Dicho de otro modo, sin municipio libre, no hay base para una organización estatal que pretenda ser representativa y, por ende, democrática. Y por consiguiente, los habitantes del hoy agónico Distrito Federal, y capital más poblada de América Latina, seguirán (seguiremos) siendo ciudadanos de segunda categoría en el concierto democrático de la Globalización, con un costo estimado por algunas fuentes periodísticas, del 15 por ciento del presupuesto destinado al funcionamiento anual de las actuales delegaciones políticas.

Se puede anticipar así que por cambiar de nominación, los habitantes de la capital mexicana podrán ver un mayor deterioro de la ya cuestionada calidad de algunos servicios básicos públicos como el asfaltado de las calles, menos luminarias, menos agua, menos camiones de basura, menos patrullas de policía, menos transporte público; pero más “representantes” en un Congreso que pudiera entretenerse en todo el año, durante todo un sexenio en la elaboración de reglamentos y leyes que — de modo particular en la capital del país — nacen muertos invariablemente a causa de la inercia del caótico modus vivendi urbano derivado de la corrupción y la ausencia de autoridad micro-regional.

Dirían en mi pueblo que la reforma política del Distrito Federal es la misma gata, pero revolcada. El gatopardismo es la especialidad de la alta burocracia mexicana y después de casi dos décadas del intento de consolidar una auténtica democracia participativa, la capital se convertirá en un hoyo negro político y administrativo.

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Aristegui vs MVS: ¿Ganar por la Vía del RTuitazo?

En México está de mas victimizarse en nombre de la libertad de expresión por un despido laboral, aunque sea de filosas aristas. México ocupa el sexto lugar a nivel mundial por el asesinato de periodistas.

*Este texto es parte de los borradores de mi libro:
“México frente a la libertad de expresión: De Proceso a las redes sociales”,
de próxima publicación en Absintha Publishing Co.

Si en el siglo veinte las batallas políticas por el poder en México se hacían uno a uno, a periodicazos, ahora parece que los tuitazos, o mejor aún, los RTuitazos de las huestes poco a poco van reemplazando cualquier vestigio de activismo cívico reflexivo y propositivo –ése que merece cualquier sociedad democrática.

Esto viene al tema porque México tiene una nueva mártir de la libertad de expresión made in the social media entre mentadas de madre y otras variadas agresiones verbales: Ella es Carmen Aristegui, cuatro veces Premio Nacional de Periodismo en medios audiovisuales y líder de opinión predilecta de la hoy disminuida Izquierda nacional.

La periodista fue despedida de la estación de radio MVS Noticias por segunda vez en cuatro años; y si la primera ocasión (2011) el motivo de su despido fue exigir al aire que se aclarara una presunta adicción al alcohol del entonces presidente Felipe Calderón, ahora — como dicen en la jerga política — “se puso de a pechito”, atribuyéndose una representación en MVS que — aparentemente — no tenía, cuando se integró a una nueva organización periodística denominada MexicoLeaks. Ella no desmiente esto.

Apenas se dio la presentación en sociedad de MexicoLeaks, la empresa radiodifusora que dirige Joaquín Vargas se deslindó ipso facto de su eventual participación en la citada organización que se define como “una plataforma independiente de denuncia ciudadana y transparencia, al servicio de la sociedad mexicana para revelar información de interés público”, y que claramente está inspirada en el movimiento WikiLeaks del australiano Julian Assange.

Hasta ahí todo se configuraba como una anécdota más de la siempre difícil relación que tiene cualquier empresa de medios con sus trabajadores (o viceversa). Sin embargo, MVS anunció el despido de Aristegui y su más cercano grupo de colaboradores “por pérdida de confianza” y explicó que estos comprometieron “recursos y marcas de la empresa, sin el conocimiento y autorización de la administración de MVS Radio, [lo que] es inadmisible e inaceptable.” La radiodifusora enfatizó: “no podemos permitir abusos por parte de nuestros colaboradores”, aclarando que una asociación con MexicoLeaks  per se  no era causa del despido de los periodistas. Tal vez sí, tal vez no.

TANTOS AÑOS DE MARQUESA…

Nadie puede negar el aporte que ha hecho el equipo de investigación periodística de Carmen Aristegui a la sociedad mexicana. Así que el hecho de que salga del aire su programa de radio — que es un referente de periodismo independiente — deja momentáneamente un vacío en el espectro de los medios audiovisuales; pero la calidad de la labor periodística que realiza Aristegui le garantiza, como le ha sucedido a lo largo de su carrera, nuevos espacios para continuar con su proyecto profesional, empezando por su sitio web Aristegui Noticias. Entonces, ¿por qué tendría que ser MVS de manera forzada, el medio que siga dando espacio al trabajo de la periodista? ¿Por qué el equipo de periodistas no desafía abiertamente al régimen supuestamente censor y le exige un espacio en la radio o la televisión pública a manera de desagravio laboral?

Al cierre de esta edición ninguna de las partes en conflicto ha aclarado si los reporteros investigadores Daniel Lizárraga e Irving Huerta, decidieron por iniciativa propia o por órdenes de Carmen Aristegui, que se diera a conocer una supuesta alianza participativa de MVS y Aristegui Noticias, espacio periodístico online propiedad de la periodista, en MexicoLeaks, y en todo caso, por qué lo hicieron así.

De lo que hay constancia es que MVS anunció el despido de los colaboradores de Aristegui y ésta se inconformó públicamente desde su programa radiofónico, pues dijo que no se le notificó previamente la decisión de la empresa y que esto afectaría la labor de generación de contenidos periodísticos para el programa.

Claro que, hasta donde se sabe, ella tampoco notificó previamente a la empresa de que anunciaría una alianza conjunta en MexicoLeaks. Luego fue la propia Aristegui quien corrió la especie de que el despido de sus colaboradores está relacionado con sus investigaciones periodísticas ya por todos conocidas sobre el presunto tráfico de influencias en las licitaciones del gobierno federal y otras irregularidades constitutivas de delito, las cuales fueron dadas a conocer hace más de cuatro meses.

En medio de un intercambio de mensajes públicos que azuzaron a los simpatizantes online y offline de las partes involucradas en el asunto, Aristegui terminó siendo despedida y el “pleito artificial” que ella en un principio aseguró querer evitar, se transformó — en sus propias palabras —  en “estridencia mediática y ruptura” con todo y movilización tanto de simpatizantes como de adversarios de la periodista lo mismo en las redes sociales que a la puerta de la sede de la radiodifusora que dio espacio a Carmen por alrededor de seis años.

Más aún, alguien en Twitter creó el hashtag #JesuisCarmen, que equipara el problema laboral de Aristegui con el reciente ataque terrorista en París al equipo editorial de Charlie Hebdo… ¿Tanto así?

Tal vez sí, tal vez no. Pero… ¿Por qué una periodista profesional, de muchísima experiencia, como Aristegui utilizó sin autorización el nombre de MVS en un proyecto periodístico que ya de antemano es un desafío a los corruptos grupos de poder y al statu quo?

Más aún, si Carmen Aristegui había abierto un espacio que era un oasis periodístico para su auditorio, ¿por qué tomó decisiones que, según la empresa para la que trabajaba como empleada no le correspondían? Por supuesto, ella no es novata, ingenua ni tonta; pero — su trabajo lo evidencia — es provocadora (quizá como debe serlo cualquiera que se dedique al periodismo).

Ahora, MVS asegura en uno de sus comunicados sobre el caso que Aristegui estaba usando recursos de la empresa para hacer investigaciones periodísticas que utilizaba en otros medios de comunicación, y el apresurado establecimiento de nuevos lineamientos editoriales por parte de la radiodifusora para sus colaboradores dejan entrever que hubo algún conflicto de intereses personales en el trabajo periodístico de Carmen, por un posible activismo político de ella. Tal vez sí, tal vez no.

Peor: En lo que podría ser el último comunicado de un primer round en una resbaladiza lucha preelectoral en el lodo, MVS le dio a Aristegui un machetazo a caballo de espadas mencionando que en semanas recientes la empresa “autorizó la compra del automóvil de lujo que le proporciona [a Carmen], con el doble de valor del establecido en el contrato”, dando a entender que la compañía estaba a gusto con el trabajo de la periodista y por tanto, el cese fulminante de su equipo de trabajo no fue un acto de censura proveniente de las altas esferas del poder.

Además, como lo marcan las reglas no escritas de lo políticamente correcto, la administración de Enrique Peña Nieto, a través de la Secretaría de Gobernación, puso sus barbas a remojar y emitió un comunicado en el que circunscribe el incidente Aristegui-MVS como un asunto entre particulares. Tal vez sí, tal vez no.

POR LEY, LA LIBERTAD ES DEL QUE LA PAGA

Lo inusitado del caso fue el modo como Aristegui y su equipo se apoyaron en fans y detractores de las redes sociales para dirimir públicamente un conflicto laboral y entregaron su defensa de la libertad de expresión, a un grupúsculo presuntamente politizado, que frecuenta la web para asumir un falaz activismo verbal que transpira inquina colectiva y autocompasión social, engendros naturales del Estado fallido.

En México está de mas victimizarse en nombre de la libertad de expresión por un despido laboral, aunque sea de filosas aristas. México ocupa el sexto lugar a nivel mundial por el asesinato de periodistas, de acuerdo con las más recientes estadísticas de Reporteros Sin Fronteras, y hay sobrevivientes, paradójicamente en su mayoría freelance, que pueden contarnos qué ocurre realmente cuando un periodista toca los intereses más turbios y sensibles de los poderosos: Lydia Cacho, Anabel Hernández, Verónica Basurto, Miguel Badillo, Ana Lilia Pérez, entre los no pocos que se han atrevido a levantar la voz.

Por supuesto, no habría que esperar a una persecución encarnizada del equipo de Aristegui para pensar que la censura es la causa primera de su despido de MVS. Sin embargo, conociendo de primera mano la dinámica del poder censor en México, me atrevo a afirmar que si las investigaciones de sus periodistas hubiesen sido la causa de su despido de MVS, ella ya no hubiese salido al aire al día siguiente de la primera investigación incómoda que realizaron.

Y aunque hay quienes argumentan con justa razón que MVS es una concesión de un bien público y constitucionalmente debe garantizar las libertades de expresión e información — y por tanto devolverle el trabajo a Aristegui y su equipo –, también es cierto que la ley da a la radiodifusora todas las atribuciones de una empresa privada. MVS refiere un “abuso de confianza” por parte de sus empleados que ellos no han objetado (Lorenzo Meyer la considera “una infracción administrativa menor” del equipo periodístico de Aristegui).

Contra lo que dicen Meyer y muchos de los simpatizantes de Carmen Aristegui que le han dado a la comunicadora la ventaja del RTuitazo frente a MVS (aunque no la ventaja de las evidencias, todavía), no es un asunto menor tener que demostrar que el despido del equipo de la comunicadora sea un acto de censura gubernamental, pues nadie puede, en nombre de la libertad de expresión e información, encubrir errores “administrativos” ni de protocolos de investigación, o lo que sería más grave, arropar una agenda política personal con una falsa bandera de defensa de las libertades democráticas esenciales.

A estas alturas de la historia de México sería muy ingenuo no haber entendido que son los dueños de los medios de comunicación y de ningún modo los periodistas quienes marcan la pauta y los límites del periodismo que se hace en el país. Nos guste o no, la abrumadora mayoría de quienes se dedican al periodismo en sus diversos géneros y formatos es asalariada; se alquila para hacer lo que los patrones necesitan, no para ejercer su libertad de expresión personal, salvo que el contrato de trabajo lo especifique.

En el Derecho Positivo Mexicano, al igual que en el periodismo de investigación, se deben probar los dichos y hay que mostrar evidencias de lo que se afirma. Eso lo saben Aristegui, su equipo de trabajo, la gente de MVS y, desde luego, el gobierno federal. Por eso, la periodista debe contarnos la historia completa de lo que realmente sucedió, a partir del tipo de relación laboral o empresarial que mantenía con la empresa radiodifusora, qué clase de investigación periodística tenían en curso al momento de su despido, e incluso si sus fuentes informativas han recibido alguna presión gubernamental o de otro tipo.

Si las partes dirimieran el asunto en un juicio laboral de reinstalación, al cual Aristegui y sus colaboradores tienen derecho, estos periodistas estarían marcando un hito en la vida del país. Las batallas por la democracia no se ganan con insultos ni falacias invocadas en las redes sociales ni con marchas multitudinarias, sino con argumentos en el ámbito de la legalidad. Los periodistas expulsados de MVS deben abrir un espacio de discusión jurídica sobre la libertad de expresión del obrero periodístico, porque en los hechos, la ley tal como está, garantiza la libertad del propietario de medios; pero no de sus empleados.

Tampoco está claro dentro de la legislación cuáles son los recursos jurídicos de la ciudadanía, a nivel individual o colectivo, para hacer valer su derecho a la información, en casos de censura gubernamental o de grupos económicos de poder a comunicadores.

En el papel está la Ley en Materia de Transparencia y Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales , modificada a mediados de 2014, que establece que todo ciudadano tiene derecho a conocer los datos sobre el desempeño de los actores públicos dentro Estado mexicano. Empero, en ninguno de sus artículos hay una sola mención de los mecanismos de protección de la investigación periodística profesional, al acceder a la información de interés público.

El artículo 6º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice sobre la radio:

I. LA RADIODIFUSION ES UN SERVICIO PUBLICO DE INTERES GENERAL, POR LO QUE EL ESTADO GARANTIZARA QUE SEA PRESTADO EN CONDICIONES DE COMPETENCIA Y CALIDAD Y BRINDE LOS BENEFICIOS DE LA CULTURA A TODA LA POBLACION, PRESERVANDO LA PLURALIDAD Y LA VERACIDAD DE LA INFORMACION, ASI COMO EL FOMENTO DE LOS VALORES DE LA IDENTIDAD NACIONAL, CONTRIBUYENDO A LOS FINES ESTABLECIDOS EN EL ARTICULO 3o. DE ESTA CONSTITUCION.

Así pues, ni ésta ni las leyes secundarias sobre radiodifusión — o sobre los medios audiovisuales en general — plantean cómo el Estado y los concesionarios garantizarán el derecho a la libertad de expresión de los periodistas, sus empleados, ni el derecho a la información de la ciudadanía.

Mientras no haya modificaciones sustanciales a la legislación y sus mecanismos de aplicación, la libertad de expresión de los periodistas en México seguirá supeditada a la voluntad de los dueños de los medios de comunicación, y eso lo sabe cualquier trabajador de la información asalariado: El que paga, manda. Hacerle creer a la ciudadanía otra cosa es tan sólo un round boxístico de sombra con el poder político y económico del país (o global).

Las naciones democráticas desarrolladas tienen canales de televisión y estaciones de radio propiedad del Estado, que están obligados a ceder la totalidad de su espacio espacio a productores independientes de programas de interés público con la única restricción a la promoción del odio, el racismo, la violencia, la discriminación sexual, el libelo y temas afines que destruyen la cohesión social y la convivencia armónica.

Si las huestes que quieren cambiar al mundo en un RTuitazo cabildearan con sus representantes en Congreso de la Unión una revisión de la legislación sobre medios, libertad de expresión y derecho a la información, así como la apertura a productores de contenidos y periodistas independientes de los canales del Estado, que se sostienen con los impuestos de la clase trabajadora, se podría comenzar a hablar de un cambio cualitativo hacia la democratización de los medios en México; pero quedarse en las redes sociales para convertirlas en un muro de lamentaciones políticas prejuiciadas, sin propuestas creativas ni concretas, no aporta nada nuevo a lo ya visto a lo largo de todo el ciclo histórico de la post-Revolución.

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El Reportero que Soñó con Ser Truman Capote y Mató al Periodismo

Ser periodista profesional implica tener muy claro que no hay excusas para el mal periodismo porque nuestros errores invariablemente conllevan una afectación social. Alejandro Sánchez no supo hacer su trabajo; pero ¿dónde estaban su jefe de información, su editor, sus correctores de estilo, todos los que dejaron pasar un producto periodístico deficiente?

“¡Ahora cualquier güey dice que hace reportaje!”. Las palabras de Alfonso Maya Nava, subdirector editorial de El Universal, uno de los diarios más importantes de México, vociferadas una tarde cualquiera, hace más de dos décadas, frente a un anónimo aspirante a reportero que se perdió en las sombras del tiempo, retumban en mi mente cada vez que estoy frente a una página en blanco, dispuesta a poner en orden el cúmulo informativo que debe trasladarse a un texto periodístico coherente y objetivo, que explique a mis lectores por qué ocurrió un acontecimiento y cómo afecta su vida y su destino.

Yo era una reportera novata; pero entendí de inmediato que, al margen del género periodístico que uno elija para desarrollar cada proyecto, es indispensable partir de una investigación sólida y una redacción impecable, de tal manera que nadie, empezando por el editor, pueda rebatir la veracidad de lo que se publica ni cuestionar su calidad.

Ciertamente, todo reportero aspira a hacer buenos reportajes porque su elaboración es de una gran complejidad y revelan dominio del oficio. Su redacción se basa en la investigación de todos los elementos que integran un acontecimiento noticioso y hay que analizar uno a uno de manera detallada, para ofrecer lo que podría definirse como una rendición de cuentas cotidiana de la sociedad — del propio Estado — a su Opinión Pública: ente virtual y evanescente, hija del sistema democrático, que aglutina a lectores, radioescuchas, teleauditorio, visitantes web o más recientemente seguidores.

Al reportero (o reportera) que publica un buen reportaje se le reconoce tácitamente como periodista, gente de oficio que domina todas las técnicas y géneros que conforman el periodismo interpretativo (long-form journalism).

El primer deber del reportajista es investigar exhaustivamente todos los aspectos de un acontecimiento, detectar anomalías sociales, económicas o políticas y entregar a la sociedad el informe puntual de sus hallazgos, para que ésta, en sus prerrogativas democráticas, corrija los problemas que deban corregirse para el adecuado funcionamiento del Estado.

Desde esta óptica, el periodismo de una nación (cualquiera) — el cuarto poder del Estado democrático — es el espejo donde se mira la sociedad entera. Tal vez para muchos de mis amables lectores, lo que digo es una perogrullada; pero hay indicios de que algunos que están dentro de la actividad periodística en México no lo saben, fingen que no lo saben o simplemente aplican la máxima cínica de “en este país no pasa ni pasará nada” y se valen del noble oficio del periodismo para su usufructo privado, que a estas alturas de la historia puede significar sólo una gratificación procaz como la efímera popularidad que dan las redes sociales.

Todo lo anterior viene a cuento porque el mal periodismo se ha escapado de los medios de comunicación tradicionales y comienza a inundar la Internet en detrimento del derecho a la información objetiva y veraz que reclama la sociedad globalizada. Las causas son multifactoriales y van de la mísera paga a reporteros, lo que crea el círculo vicioso de la improvisación laboral, a la exigencia de los dueños de los medios de dirigir visitantes a sus sitios web, mediante el viejo engaño de los encabezados sensacionalistas que garanticen ventas millonarias de espacios publicitarios.

El más reciente y lamentable caso de mal periodismo lo protagonizaron la ¿otrora? prestigiada revista emeequis, que dirige el periodista Ignacio Rodríguez Reyna, y uno de sus reporteros de nombre Alejandro Sánchez González (@alexsanchezmx), quien – por cierto — no aparece en el directorio de la revista ni como reportero ni como colaborador.

Una mala práctica periodística ¡de portada! de Sánchez González, que causó indignación entre cientos de lectoras de emeequis, se perpetró con un texto intitulado El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia), el cual aborda el caso de un joven mexicano que hace dos años ganó un certamen científico internacional y tiempo después asesinó y descuartizó a una menor de edad que se burló de su éxito y sus aspiraciones de estudiar en una universidad extranjera.

Debo especificar aquí que llegué al citado material periodístico (debo llamarlo de alguna manera) al caer en el garlito buscando datos nuevos sobre el crimen de impacto ocurrido en 2013. Sospechosamente, al final del texto, el autor aclara su trabajo del siguiente modo:

“Este reportaje es un texto periodístico de no ficción (sic). Todos los hechos descritos están basados en entrevistas y relatos de los protagonistas, expedientes judiciales, la evaluación sicológica (sic), correos electrónicos y mensajes de celular (sic).”

Podría descuartizar el párrafo arriba citado, palabra por palabra: ¿Hay periodismo ficticio, hay otro modo de hacer periodismo que no sean entrevistas, investigación en documentos, visitas a escenarios, etcétera?… No obstante, después de leer El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia), me limitaré a decir lo mismo que aquel periodista que rechazó el trabajo del anónimo novato, pues este texto que se coló a emeequis, revista ganadora de premios nacionales e internacionales de periodismo, es el perfecto ejemplo de lo que NO se debe publicar en ningún medio de comunicación profesional.

Desafortunadamente para Alejandro Sánchez, su texto no es periodismo, por donde quiera vérsele, pues no respeta la más elemental técnica de redacción periodística; pero tampoco es literatura, ya que la narración y las descripciones son muy pobres y tienen deficiencias gramaticales.

Sólo un muy buen amigo del autor, como el reconocido, respetable y generoso reportero Wilbert Torre, podía defender un texto indefendible, calificándolo como un error humano, para acallar la crítica de casi mil lectoras de emeequis que firmaron una petición de desagravio a la víctima del crimen relatado en un escrito que es simple y llanamente la apología de un feminicida:

“Javier parece en este momento el joven más frágil y solitario del mundo. Claudia Cañizo [la fiscal] y el agente que la acompaña se ven a los ojos y voltean hacia el techo del cuarto de interrogatorios para evitar que se les escapen algunas lágrimas.”

Si el autor de El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia) no demuestra que no es misógino, por lo menos debe demostrar que no es un advenedizo en el periodismo, ya que cometió un fraude profesional al asegurar que hizo una investigación y escribió un reportaje, cuando el resultado final fue, en el mejor de los casos, un texto folletinesco que ignora la voz de la víctima, sus familiares y amigos, y en el que no hay entrevistas a psiquiatras ni a expertos en criminología.

Ser periodista profesional implica tener muy claro que no hay excusas para el mal periodismo porque nuestros errores invariablemente conllevan una afectación social. Alejandro Sánchez no supo hacer su trabajo; pero ¿dónde estaban su jefe de información, su editor, sus correctores de estilo, todos los que dejaron pasar un producto periodístico deficiente?

Extraña que emeequis, una revista especializada en reportajes, que se creó un prestigio al publicar periodismo de investigación de calidad, no haya revisado – como debe ser – el texto de Alejandro Sánchez, antes de difundirlo. Extraña también que los defensores de Alejandro Sánchez González en redes sociales estén preocupados porque la indignación de las lectoras de emeequis por la publicación de un trabajo mal hecho ponga en riesgo su participación en un concurso de periodismo latinoamericano, cuando el único premio que debe importar a los reporteros es la confianza de la sociedad en su labor de investigación para acercarse a la verdad de los acontecimientos públicos. Extraña por igual que los community managers de emeequis en Twitter hayan bloqueado a sus lectoras que protestaron públicamente por el texto de Sánchez, y no aceptaran las críticas de quienes hacen posible que tengan un empleo digno.

No sirve de nada el trabajo de un medio de comunicación ni de sus reporteros si vulneran la veracidad de los acontecimientos, no propician la reflexión colectiva ni fomentan la libertad de expresión e información.

A exigencia de las lectoras de emeequis,  Alejandro Sánchez debió disculparse públicamente por lo que escribió, y en tono forzado se justificó argumentando que la familia de la víctima de feminicidio que se narra en su texto se negó a hablar con el reportero. ¿Es ético publicar un texto cuando falta información relevante para elaborarlo? Yo digo que no. El trabajo periodístico no tiene caducidad mientras no se complete el rompecabezas de un asunto de interés público. Además, hay técnicas especializadas para obtener en tiempo y forma, información sensible de las fuentes.

La redacción del texto de Sánchez es otro tema: En México, muchos reporteros no están acostumbrados a trabajar en equipo y el resultado de un buen trabajo de reporteo, sin apoyo en la redacción, puede terminar en una nota informativa mal escrita o una retahíla de transcripciones que carecen de análisis contextual y, por tanto, de verdadero interés periodístico.

Si hubiera una moraleja en la historia de El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia), sería la necesidad imperiosa y urgente de elevar la calidad del trabajo que se desarrolla en los medios de comunicación mexicanos y exigir el apego, por parte de sus reporteros, a la metolodogía elemental de investigación periodística, para que el país no acabe de desmoronarse en las manos de presuntos reporteros que sueñan con premios que quizá no merecen, y selfies junto a cadáveres de menores descuartizadas y fiscales que derraman lágrimas al interrogar a los asesinos. colgadas en la pared de su cubículo. ♥♥♥

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Welcome to #CDMX, Metrópoli de Primer Mundo

Parafraseando a Victor Hugo, la tuitera de la chula Ciudad de Mèxico tenía urgencia de barrer de gusanos la idea de dios; no convocó a otros ciudadanos a ayudar a alguien que necesita ropa, comida y refugio,

En cierto momento reciente, algún cuasi-anónimo y pizpireto funcionario del Gobierno del Distrito Federal de los Estados Unidos Mexicanos —comunicólogo (of course) avezado en el manejo de las redes sociales o social media, como les decimos en mi pueblo— tuvo la ocurrencia de jashtaguear el nombre de la Ciudad de México como #CDMX y esto, sin duda, pasará a la historia como el ingreso de la sociedad capitalina al primer mundo del planeta internet. Por lo menos lo consigno aquí para la posteridad 😉

La dichosa etiqueta #CDMX es algo así como un salvoconducto al recuento de los logros virtuales de la administración izquierdista de Miguel Angel Mancera y de una que otra protesta ciudadana, también virtual, que a final de cuentas se pierden todos los días en el efímero maremagnum de información, chistes y chismes que circulan en la web, y sin embargo van dibujando casi siempre en bosquejos de no más de 140 caracteres, una ciudad de vanguardia y próspera que vive por encima de los pequeños problemas propios de las urbes.

Y en la democracia, igualmente virtual, de la web que ha otorgado a los ciudadanos el poder de convertirse en el ojo que todo lo ve, la susodicha #CDMX no tolera los males y los vicios tercermundistas.

Tal vez por eso, @yaet_tete, una personaja virtualmente bien nacida, que se asume como habitante de “La chula Ciudad de Mèxico”, lanzó de pronto una retahíla de mensajes, cual ama de casa desesperada ante el hallazgo en su aséptica cocina de una cucaracha, todos idénticos a éste, aunque con diferentes destinatarios: 

Fueron tantos sus mensajes que llegaron de rebote a mi timeline tuitero, que finalmente atrapó mi atención y, en un primer momento no logré definir si el indigente sin ropa a la salida de la estación del metro le provocaba repulsión o una inquietud victoriana frente a la desnudez fuera de contexto; dudé si en algún momento sintió compasión o si únicamente la presencia de un excluido social arruinaba el panorama de su chula #CDMX. 

En mi mente cobraron vida las palabras de @yaet_tete, quien en el mundo real lo mismo podría ser una microempresaria con penthouse en el corazón de la colonia del Valle o una empleada doméstica de la zona del metro; pero de cualquier modo percibí en su petición un tufo fascista: “Retiren al sujeto; limpien la calle de la basura ¿humana? que me escandaliza porque destruye mis sueños de wannabe living in the developed world.”

Y es que la persona detrás del perfil @yaet_tete podría haber escrito: “Hay un indigente desnudo afuera del metro que necesita ayuda”. No obstante, demandó con ansiedad que lo retiraran, que se lo llevaran donde ella no pudiera verlo, donde ella u otros no pudieran tomar conciencia de que en las calles de la Ciudad de México cada vez hay más gente como él, que literalmente, ha perdido los calzones en la rueda de la fortuna de un sistema socioeconómico que se ufana ante los organismos rectores de la Globalización de estar dando, incluso a los inmigrantes indocumentados centroamericanos, las condiciones para una vida digna. 

Parafraseando a Victor Hugo, la tuitera de la chula Ciudad de Mèxico tenía urgencia de barrer de gusanos la idea de dios; no convocó a otros ciudadanos a ayudar a alguien que necesita ropa, comida y refugio,  no le inquietó la historia de alguien que en el mundo virtual debería estar gozando de los beneficios de estar en la rica y cosmopolita #CDMX, hecha a imagen y semejanza de las grandes capitales del mundo. 

yaet_indigente

El protocolo de la policía es lo que dicta la ley: Se invita al indigente a que acompañe a los oficiales a un albergue y si se resiste, lo arrestan. Fin de la historia. ♥♥♥

 

 

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Oh My Jebus!!

Don Quijote se inclinó para susurrar en mi oído: —No sólo es guapo. Peña es el presidente más inteligente que ha tenido México… y en su adolescencia leyó pasajes de la Biblia.

En un funeral, la reencarnación de Don Quijote con tarjeta de presentación de empresario pyme español, quiso aprovechar el momento para las relaciones públicas de negocios y charlas de política de cantina. Mientras mi mente divagaba en la disección esotérica de los rezos católicos antropofágicos, el anciano caballero aún andante lanzó su dardo: “¿Y qué piensas del presidente mejicano Enrique Peña Nieto?” —Que es muy guapo – contesté sin dudar, y levanté los ojos como quien eleva una plegaria al cielo, para continuar buscando los símbolos del Código DaVinci en el techo de la iglesia, queriendo desentrañar ahí la iluminación que llevó al mandatario oficial de mi país natal a acabar, con el poder de su firma, los logros de la Revolución Mexicana que su partido asegura defender, para meter al país, de lleno, en una transnacionalización cuyas consecuencias son aún inmensurables.

Don Quijote se inclinó para susurrar en mi oído: —No sólo es guapo. Peña es el presidente más inteligente que ha tenido México… y en su adolescencia leyó pasajes de la Biblia.

Tuve que contenerme para no interrumpir la misa de difunto: —Oh my Jebus!! Sin embargo, guardé la compostura y le repetí: “Es muy guapo”.  ♥♥♥

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Beneficio de la Duda

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Conceder el beneficio de la duda tal vez sólo sirve para desestresar y mantener la esperanza en que la sociedad mexicana no está en la podredumbre, como tuitean cada microsegundo, medios de comunicación del establishment, periodistas independientes y los ciudadanos apocalípticos desintegrados.

Estoy embarcada en la aventura de poner a prueba el sistema de justicia de la Ciudad de México a raíz de un allanamiento a mi domicilio que no pasó a mayores gracias a la oportuna intervención de la policía (@POLICIA_CDMX) que detuvo al delincuente cuando intentaba huir, saltando azoteas y metiéndose también en otras casas.

El agente del Ministerio Público que atendió mi caso me dijo que podía terminar la diligencia ministerial haciendo mi declaración de hechos vía internet, si no quería pasarme todo el día en la fila de los agraviados, y ya recibiría en mi correo electrónico el número de averiguación previa e instrucciones de lo que procedería para que se juzgue al intruso delincuente.

Se oye bien; pero llegó el día de mi segunda comparecencia para ratificar y ampliar la declaración que hice vía internet. Llegué puntual a mi cita, únicamente para saber que la persona encargada de la Unidad de Recepción por Internet (URI) de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) me mandó a la fiscalía equivocada, lo que se tradujo al final del día en que un trámite de 30 minutos se llevara a cabo en cuatro horas.

Luego, el funcionario que me atendió, me puso como decíamos en la secundaria, “como moco de King Kong”, porque al usar el servicio URI del Ministerio Público no verifiqué personalmente que el delincuente se hubiese quedado detenido o que no haya sobornado a las autoridades que lo interrogaron en la fiscalía donde me presenté inicialmente, para que lo dejaran libre (¡¿?!).

O sea: Si un delincuente, por cierto, presuntamente originario del estado de Morelos, anduviera suelto de nueva cuenta en la capital mexicana sería simplemente porque yo acepté seguir el consejo de un moderno agente del Ministerio Público, de experimentar cómo funcionan los servicios del MP “virtual”.  Al menos eso fue lo que insinuó el fiscal que me mandó, no sin algo de razón, de regreso a la oficina donde inició todo el proceso de denuncia del delito.

Yo, empero, he decidido conceder el beneficio de la duda sobre los nuevos servicios de persecución del delito en la Ciudad de México porque mientras se resuelve el entuerto, me desestresará tratar de hacer de mis malas experiencias un reportaje.