Telebasura

Ver la televisión comercial abierta en México es lo más cercano a estar sometido a la terapia Ludovico de regeneración social que aplica el gobierno pseudobritánico a Alex DeLarge, el protagonista de La Naranja Mecánica (1962), novela de Anthony Burgess magistralmente interpretada en el celuloide por Stanley Kubrick en 1971.

Da lo mismo si das la vuelta de tuerca, es decir, si se intenta encontrar algo de entretenimiento decoroso en canales en Televisa o en Televisión Azteca y no hablemos aquí de información seria o cultura, que eso es parte de la dimensión desconocida. ¡Ah! y olvidémonos por un momento de CadenaTres, propiedad de la familia Vázquez Raña, oligopolista de los medios de comunicación impresos, que es apenas un solitario canal local del Distrito Federal con escasa producción original que no compite aún con el duopolio concesionado por el Estado mexicano.

Ante las opciones resultaría una cuestión de salud mental apagar la televisión y comenzar a navegar en la Internet; pero en México, a mediados de 2008, solamente el 13.5 por ciento de la población tenía acceso a una computadora con conexión a la red, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la cifra no parece haberse modificado sustancialmente durante el presente año en el entorno de recesión económica; de tal modo que la televisión abierta se convierte en el principal medio de comunicación y entretenimiento de las mayorías; pues paradójicamente -de acuerdo con las estadísticas oficiales- hay más gente con acceso a Internet que a la televisión de paga.

El efecto Naranja Mecánica que tiene el propósito de destruir hasta la última neurona de quien se ponga frente a la pantalla comienza en cualquier momento con contenidos saturados de morbo, humor obsceno, discriminación, estereotipos, cursilería, racismo, denigración, superchería y muchos más vicios disfrazados de denuncia y crítica moralina.

En la mañana, los programas ideados para ser vistos para las mujeres ofrecen ñoñas recetas de cocina junto con burdas descripciones pornográficas de técnicas de masturbación para “encender la pasión” de los maridos con problemas de erección.

Más tarde, los concursos en los que predomina la humillación de los participantes para obtener una recompensa de cinco o diez dólares hacen las delicias de los productores, aunque no me queda claro todavía si el público televidente los disfruta. Además de las telenovelas que poco o nada aportan a la creatividad televisiva, pues los estereotipos de la cenicienta y el patito feo siguen siendo la fórmula del éxito del entretenimiento para las clases populares, ahora los “noticiarios” de chismes de los actores que trabajan en las telenovelas son el plato fuerte de la programación: Patéticos hasta más no poder en razón de que a través de los comentarios de los conductores se pretende consolidar la educación moral y política de la población al tiempo que las noticias del acontecer nacional e internacional se vuelven un reality show donde egresados de las escuelas de actuación de las mismas televisoras se vuelven reporteros que posan ante las cámaras y las tragedias de la corrupción se musicalizan con solos de piano. La crítica y la libertad de expresión en la televisión abierta de México sólo son válidas si se habla contra los opositores del régimen y sus marrullerías.

El chiste cotidiano incluye invariablemente a un cantante afeminado, una india ladina y una falsa rubia de prominentes prótesis en el pecho. Al presidente de la República no se le pregunta jamás sobre la responsabilidad de funcionarios de su administración en el aumento desmedido de una criminalidad “organizada” que ya no se sabe si es escenografía y ruido de fondo o es real; pero se escarba minuciosamente en el oscuro pasado de ex-prostitutas devenidas en animadoras que sueñan con llegar a tener algún puesto en la política, y esto es todos los días, con cortes de 20 minutos de anuncios de las grandes corporaciones contra 10 de supuesto entretenimiento e información. Ni Burgess hubiese podido concebir una maquinaria de generación de basura psicológica tan perfecta, de producción impecable y tufo a podredumbre.

Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico” de Reporteros Sin Fronteras

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Censura Web a la Mexicana

Si un político mexicano ocupa dos veces seguidas un espacio en mis reflexiones críticas sobre el clima de libertad de expresión en la aldea global, definitivamente puede estar en vías convertirse en “suspirante incómodo” de la carrera del cambio presidencial que cada sexenio se adelanta más y más como una consecuencia directamente proporcional a la debilidad política-administrativa de los protagonistas del momento.

Por lo pronto el caso que salta a la vista es el del gobernador príista de Veracruz, Fidel Herrera, quien en plena campaña para la realización de las elecciones intermedias en México, con el apoyo del Instituto Federal Electoral (IFE) y una empresa discográfica, EMI Music, volvió a dar la “nota de color” en materia de libertad de expresión para este blog al imponer la censura en YouTube de una video-parodia de la canción que interpreta Gael García en el filme Rudo y Cursi, que expone al gobernador veracruzano como un funcionario corrupto.

Suponiendo sin conceder, que el video presuntamente anónimo que ya circuló vastamente en la red — y no sólo en YouTube — es un libelo animado para desprestigiar al gobernador de reconocidas aspiraciones presidencialistas, lo coherente hubiese sido que el propio gobernador, o en su defecto, la institución gubernamental veracruzana, presentaran una demanda por difamación contra quien resultara responsable.

El gobierno de Herrera acusa al partido oficial, Acción Nacional, de ser autor intelectual y material de la video-parodia; pero hasta ahora no hay evidencias fehacientes de quién lo hizo. La video-parodia fue bloqueada en YouTube hace varios días. YouTube informó a los visitantes de su sitio web que EMI Music, propietaria de los derechos de la música de Rudo y Cursi había emitido una queja por el uso de la canción sin permiso de los autores.

El IFE, en México, dijo que había solicitado la remoción del video por contravenir la legislación electoral. Sin embargo, como es usual en la red, el video ahora está disponible en cientos de sitios web, alentando una polémica entre los cibernautas, en la que los grandes perdedores políticos han sido Herrera y el IFE, pues sin una orden judicial de por medio que justifique con evidencias la censura de la video-parodia, el gobernador y la institución electoral mexicana han sido equiparados con gobiernos como el chino o los de Cuba, Egipto, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudita y otra veintena que espían, censuran y controlan lo que se divulga en la Internet.

Resulta paradójico que en un país que se ufana de haber consolidado una democracia con alternancia partidista, amplio debate público y apertura informativa, las instituciones electorales se pongan al servicio de intereses políticos particulares que, en todo caso, deben dirimirse en una corte como parte de un ejercicio democrático saludable.

Si el gobernador Herrera ha sido difamado, entonces quienes pudieran haber cometido este presunto delito deberían ser sancionados. Pero si quien hizo la video-parodia está narrando hechos que podrían ser reales, entonces también ahí las autoridades mexicanas deben someter a revisión la gestión de Herrera al frente del gobierno de Veracruz y sancionarlo legalmente si fuera necesario o limpiar jurídicamente su reputación política.

A final de cuentas, los cibernautas no son televidentes pasivos, sino que conforman en su mayoría grupos ciudadanos críticos y participativos que han encontrado en la red un modo de hacer democracia a su manera, quizá la más libre posible en más de dos siglos.

Es lo que se prevé será la democracia del siglo XXI y si los políticos mexicanos persisten en trasladar el statu quo censor de la expresión pública (“lo que no se ve no existe”) de la televisión a la Internet, el golpe a la democracia será directo y frontal, con consecuencias impredecibles.

El gobernador Herrera, político hecho a la antigua usanza priísta, tiene por su parte que aprender a aceptar que la democracia se construye con lo que opina ahora, no sólo el “hombre de la calle”, sino los navegantes de la red que analizan, comentan y juzgan los temas que interesan a la sociedad.

Es su responsabilidad como funcionario público demostrar con pruebas que se le está dañando con fines políticos, porque la censura — según se lee en los comentarios de los cibernautas en muchos foros de opinión — deja en la Opinión Pública la idea de que intenta esconder algo.

Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico” de Reporteros Sin Fronteras

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Vera-cruz de Navajas

Hacer seguimiento de la información relacionada con las violaciones a la libertad de expresión y el derecho a la información resulta más difícil de lo que uno pueda imaginarse, porque diariamente hay cientos de casos para ser analizados y monitoreados. Unos son trágicos e indignantes como el reciente asesinato del periodista de la televisión guatemalteca Rolando Santis. Otros, son inquietantes por la carga de censura y discriminación que conllevan, sobre todo si los incidentes están relacionados con figuras de autoridad.

Este ha sido el caso del gobernador del estado mexicano de Veracruz, Fidel Herrera, quien afirmó recientemente que la publicación en los medios de comunicación sobre la violencia contra las mujeres es “apología” de ese delito y, por lo tanto, incitaría a quienes ven, oyen o escuchan las noticias a violentar a las mujeres.

El mandatario estatal incluso invocó una ley local que se refiere al papel de los medios de comunicación para evitar la violencia de género. ¿Qué clase de democracia puede ser la que cree que la “omertà” (término del siglo dieciseis para designar un código de silencio dentro de la Cosa Nostra) es la solución a los males de la sociedad? ¿O es que se pretende aplicar el ridículo principio “new age” de que hay que ignorar algo para que no exista?

Pareciera que el Congreso y el gobierno del estado mexicano de Veracruz han olvidado la diferencia entre periodismo y reality show, al pretender medir con la misma vara a quienes hacen una labor de denuncia social y quienes explotan el morbo que genera la nota roja.

La vida democrática tiene uno de sus pilares en el binomio de libertad de expresión y derecho a la información, y por lo tanto no puede haber más restricciones al respecto que los principios éticos de veracidad y objetividad. Si se demuestra que alguien miente, se le debe sancionar; pero solamente los regímenes totalitarios controlan qué información puede circular y cómo se va a difundir.

Vale aquí recordar que los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez se redujeron significativamente cuando los periodistas -por cierto en su gran mayoría mujeres periodistas de varios países- comenzaron a indagar ahí donde las autoridades judiciales no se atrevían a investigar.

¿Es el silencio el modo veracruzano de fomentar la equidad de género y la dignificación de las mujeres? ¿El silencio fortalece los derechos humanos?

Según el gobernador Herrera, “la divulgación de eventos traumáticos” sirve “sólo como ejemplo para que quienes no los practican los puedan practicar”; pero se le olvida que el único aliciente de la criminalidad es la impunidad y en las sociedades donde las leyes se aplican correctamente y los delitos tienen un castigo, no hay espacio para la ilegalidad.

La paradoja del gobierno y el Congreso veracruzano al emitir su fracción octava del artículo 7 de la “Ley 235” que prohibe la difusión de información relacionada con la violencia de género es en sí misma un acto de violencia de género, pues de manera indirecta impide la denuncia pública de actos violentos en contra de las mujeres.

El gobernador de Veracruz -como dicen los psiquiatras- me retrotrajo a mis tiempos de estudiante universitaria, cuando en una clase de Teorías de los Medios de Comunicación, los estudiantes sostuvimos un debate sobre las violaciones del derecho a la información por parte de quienes tienen en sus manos el deber de informar con la verdad, sean autoridades o sean medios de comunicación. Nosotros mismos etiquetamos las violaciones del derecho a la información como la “Ley de la Cruz de Navajas”, en alusión a aquella canción del grupo español Mecano que refiere textualmente:

“Sobre Mario de bruces tres cruces;
una en la frente, la que más dolió.
Otra en el pecho, la que le mató;
y otra miente en el noticiero…”

Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico” de Reporteros Sin Fronteras

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Australia Bloquea Sitios Web de Minorías

Inquietante, por decir lo menos, resulta la noticia de que el gobierno australiano ha comenzado a bloquear sitios web que no se ajustan a la moral cristiana, en medio de una política poco transparente de combate a la ciber-delincuencia.

Según lo que consignó recientemente una organización no gubernamental denominada Wikileaks, autoridades de la mencionada nación del Pacífico Sur están impidiendo el acceso de los cibernautas locales a sitios que los funcionarios consideran “impropios”, so pretexto de la persecución internacional de delitos como la pornografía infantil y el terrorismo.

El gobierno australiano ha reconocido que, al estilo chino, está exigiendo a los proveedores de servicios de Internet instalar un sofware que permite espiar la cibernavegación de los ciudadanos y bloquear los contenidos de sitios web dentro y fuera del territorio de Australia. Empero, el escándalo internacional se detonó cuando se conoció que el sitio web de una dentista que había sido hackeado meses antes estaba en una lista negra que incluía no sólo a auténticos delincuentes, sino también los websites de organizaciones políticas y relgiosas de minorías, de defensa de la comunidad homosexual e incluso de organizaciones médicas.

Wikileaks y grupos defensores de la libertad de expresión alrededor del mundo cuestionan el método con que se pretenden combatir los ciberdelitos, pues las consideraciones morales de funcionarios, más que un rigor jurídico amenazan no sólo la libertad de expresión de grupos minoritarios e individuos que utilizan la red de redes para comunicar los asuntos de su interés a un público bien identificado, sino que también se atenta contra el derecho a la información, como es el caso de quienes buscan información sobre temas de salud sexual y, a pesar de pagar el servicio de Internet, no pueden navegar en los sitios con contenidos relativos solamente porque las autoridades no establecieron criterios definidos para detectar los verdaderos espacios de criminalidad.

El temor de la sociedad global es que el caso australiano siente precedente y la cibercensura en nombre del combate a la delincuencia se enquiste en otros lugares. Finalmente, el bloqueo de sitios web a los usuarios de los servicios de Internet no resuelve el gravísimo problema de las redes de pornografía infantil que, en realidad están asociadas a redes de trata de personas y que seguirán operando fuera del mundo virtual si no hay un compromiso internacional de desarticulación de mafias que roban a los niños en las calles.

Taparle los ojos a los pervertidos no impedirá que la delincuencia continúe operando y, en cambio, censurar la diversidad de ideas en la red es un mal presagio para las democracias.

Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico” de Reporteros Sin Fronteras

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Reflexiones sobre Periodismo Online

*Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico”, blog que publiqué en el sitio de Reporteros Sin Fronteras (RSF), durante algunos años, hasta que el servidor se cerró por falta de recursos de la organización.

Con la firme convicción de que el periodismo online es el futuro y convergencia de los medios de comunicación, para la próxima centuria, tal y como lo planteaba alrededor de unos quince años atrás ese gran maestro de periodistas mexicanos que fue Alfonso Maya Nava, me inicié como reportera del ciberespacio en 1996, prácticamente al principio de la puesta en marcha de los servicios comerciales de Internet en México.

En aquellos años la red de redes era realmente la puerta a un universo desconocido, con dos puntos de referencia decentes para navegar exclusivamente en inglés: Yahoo! y Proyecto Gutenberg.

El maestro Maya Nava, un auténtico visionario, motivaba a quienes éramos sus discípulos a meternos a la Internet, investigar dentro de ella y plantear cómo se podía aprovechar ese territorio virgen de las tecnologías de la información para crear alternativas de comunicación social que respondieran de manera general a los requerimientos informativos de la sociedad hispanoparlante que apenas se familiarizaba con la red y, ya de modo particular, a las necesidades de información confiable y veraz de la sociedad mexicana.

Alfonso Maya Nava fue activo promotor de uno de los primeros sitios web independientes en español con contenidos periodísticos. Si mal no recuerdo, se llamaba algo así como “lapalabra” y era una colección de blogs con firmas destacadas del medio periodístico y literario del país, aderezada con resúmenes de noticias del día publicadas en los principales diarios impresos. Incansable defensor de la libertad de expresión y la pluralidad ideológica como pilares de la democracia,

Maya Nava imaginaba a la Internet como un espacio que no debía ser alcanzado por censuras de ninguna índole. De ahí que en varias ocasiones me sugirió que subiera a la red todos los trabajos que mis jefes de información en un medio impreso tradicional desechaban sistemáticamente porque no se ajustaban a su construcción de la realidad para efectos del posicionamiento político y económico de los directivos de la publicación.

Así, el primer texto que puse en un sitio gratuito de Geocities fue una breve entrevista que hice al entonces secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Donald J. Johnston, en la escalera de un hotel en la Ciudad de México.

A pesar de la relevancia del personaje que había hablado en exclusiva para mí, que me atreví a acercármele fuera de la conferencia de prensa oficial, la entrevista no interesó a mis jefes; pero llamó la atención de algunos navegantes de la Internet que compartían mi visión de forjar un periodismo ciudadano sin fronteras en idioma español en la red; y a partir de ese momento -como se dice coloquialmente en mi país- me fui por la libre en el intento de consolidar un proyecto periodístico que se desligara de consignas e intereses de grupos políticos o económicos.

A través del tiempo, los cimientos del proyecto periodístico por el que yo he luchado desde el principio, permanecen; pero el avance ha sido mínimo en relación a su potencial de desarrollo, no obstante su significado en el entorno donde surgió, como respuesta positiva y proactiva a la Globalización, pues no es sencillo mantenerse en la línea de la independencia y, además, lidiar con esa imposición del mercado a la que no podemos escapar, que es la dualidad de la rentabilidad económica y social de los medios online.

Después de casi trece años de ardua labor, el sueño de lograr un periodismo ciudadano independiente y libre en la red, resulta por momentos una utopía para países como México, no sólo por el alto costo y la pésima calidad de los servicios de Internet, que se convierten en una traba tanto para el desarrollo de los medios de comunicación independientes, como para el acceso del público usuario de los medios online, sino también por las limitadas, si no es que nulas posibilidades de financiamiento de este tipo de medios, sin que se comprometa su libertad de expresión y el derecho de la sociedad a la información objetiva.

En ese mismo periodo los grandes medios de comunicación tradicionales (prensa escrita, radio y televisión) avasallaron rápidamente, por su poder político y económico, a los proyectos independientes de la red, que en alguna época se contaban por decenas de miles.

Mientras, la imagen del blogger disidente y solitario que hace sus propias investigaciones o comparte sus opiniones como mero pasatiempo de locos se vuelve una constante forzada por los mismos grandes medios en detrimento del periodismo independiente y profesional de tiempo completo.

No hablaré por el momento de la censura que se ejerce en la Internet a través de las “normas de conducta” de los grandes monopolios de la red de redes a nivel internacional; pero baste mencionar aquí que si bien sigo pensando que el periodismo online es el futuro y convergencia de los medios de comunicación de aquí en adelante, también me queda claro que es urgente innovar algunos esquemas de trabajo periodístico con miras a darle mayor peso, relevancia y credibilidad a los medios online independientes: dejar de jerarquizar la información a partir de lo que publican las agencias de noticias internacionales oficiosas, abandonar los manuales de estilo del periodismo amarillista, característico de la segunda mitad del siglo XX, y explicar al público por qué los acontecimientos trascendentes de un lugar remoto no pueden ser más la nota de color para llenar espacios, sino que se tienen que enfocar en la dimensión de sus repercusiones en la vida cotidiana del ciber-lector/ciber-escucha o ciber-vidente.

Con base en estas ideas me propongo, en este espacio, hacer periódicamente una serie de reflexiones sobre la práctica del periodismo online en español que busca abrirse su propio camino y prestigio para la historia.

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Mal Karma

De acuerdo con las teorías sobre el universo psicológico del casi-proscrito-de-la-ciencia doctor Carl Gustav Jung 😎, las coincidencias no existen y con ello comulgan algunos politólogos y sociólogos al hablar de la convulsionada política de la Globalización… Así que cuando descubrí, gracias a un libro de meditación china conocida como Falun Gong, que en el nombre del mexicano por obra y gracia de la administración Fox, Zhenli Ye Gon, está inscrita su fama, me han surgido más dudas sobre el caso más sonado de la pujante industria de la transformación de la pseudoefedrina made in Mexico en polvos malignos.

Resulta que Ye Gon significa algo así como mal karma, mala vibra o energía de la más baja ralea. Y por ello sigo preguntándome -quizá interrogando al gobierno mexicano- si es posible nacer y andar por la vida con un nombre así o, como dijeran los cubanos, el caso del empresario chino que planeaba erigir su narcoemporio es simple y pura jiribilla.

El periodista mexicano Raymundo Riva Palacio ha dejado entrever en el seguimiento puntual que ha hecho del caso del señor Mala Onda que éste podría ser apenas el ojo de una aguja por la que se enhebra una trama de auténtica complejidad multidimensional que no deja mucho espacio ya a los escritores de novela negra. Porque: ¿quién puede asegurar que el chino nacionalizado mexicano no es en realidad un agente internacional de Inteligencia o como suele suceder con frecuencia, un doble agente que caramboleó a Vicente Fox y al recién estrenado gobierno de Felipe Calderón con la deliberada intención de medir fuerzas, resistencias y permeabilidad a la corrupción?

La trama de esta que bien podría leerse en el futuro como una novela costumbrista del siglo XXI se enreda más cuando se conoce públicamente que Zhenli Ye Gon vivió tranquilo durante un rato en los Estados Unidos y podría haberlo seguido haciendo si no hubiese contratado a un abogado de gran experiencia mediática que en una rara coincidencia y casualidad del destino, resultó ser el representante legal de la organización de orientación budista que difunde la práctica de Falun Gong, a la cual algunas fuentes identifican como un grupo disidente del sistema político chino, presuntamente financiado por el Estado norteamericano… Chi lo sa?, diría Vito Corleone.

Empero, el asunto no queda allí. Al tiempo que estoy escribiendo estas líneas, que más que un artículo de opinión pretenden ser apuntes para el guión de un reality show de humor más negro que la conciencia de todos los protagonistas, se conoce que el caso del señor Mal Karma ya ha cobrado dos vidas: las de unos agentes altamente calificados de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) que fueron entrenados por la CIA y el FBI para combatir el crimen organizado y participaron activamente en el caso que condujo al hallazgo de la red mafiosa en la que Ye Gon, muy probablemente, apenas tiene un papel secundario.

Si no fuera porque el trasfondo del caso Mal Karma tiene el inquietante tufo de la podredumbre de un sistema político que agoniza a causa de la corrupción, al final hay una serie de elementos que lo convierten en una encantadora comedia de enredos en los que las coincidencias nunca son casuales, pero sí causales… ¿Y qué tal que…?

  • Que Ye Gon sea un agente encubierto del gobierno estadounidense
  • Que un poderoso capo del narco le haya regalado los 205 millones de dólares hallados en la casa de Ye Gon a alguien que no sabía cómo deshacerse de ellos y los dejó en lo que parecía una casa abandonada
  • Que Ye Gon sea un hombre “honolable”, víctima de un “compló” en el que le sembraron la lana para deshacerse de él y del dinero sucio
  • Que…

Ufff… En este punto, me permito sugerir, evocando Un Mundo Raro (México, 2001, dirigida por Armando Casas), que las autoridades judiciales convoquen a la ciudadanía para que presenten una conclusión interesante de lo que el propio presidente Felipe Calderón se aventó a llamar “cuento chino”.

Esto, con el propósito de desaburrirnos un rato de tanto escándalo que siempre nos deja como cuando me dispongo a ver películas en el Canal Once (por algún maldito complot que espero no sea por la escasez de presupuesto en Luz y Fuerza del Centro, invariablemente hay un apagón que me impide ver el final de la historia).

Propongo que gane el cuento mexicano más original, gracioso, pero sobre todo verosímil. Requisito indispensable: que no parezca versión pirata de ninguna película hollywoodense.

El material está ahí: los miles de fajos de dólares en efectivo escondidos en una lujosa casa; la apertura de una cuenta del gobierno mexicano con ese dinero, en un banco estadounidense, para que la lana no esté ociosa; la esposa abandonada al momento de la fuga del mexicano nacido en la tierra de Confucio; la dulce amante que trabajaba en un casino de Las Vegas, los dueños del casino que obsequiaron autos de lujo al cliente que perdía sistemáticamente; los acuciosos reporteros de una agencia informativa internacional que se guardaron la entrevista exclusiva con un prófugo de la justicia durante un mes, un aparato de Inteligencia de Estado que basa sus investigaciones en recortes de periódicos boletineros; pero sobre todo, un oscuro funcionario de gobierno que según decires del señor Mal Karma se atrevió a sentenciarlo: “o coopelas o cuello”.

El cuento, con todas las posibilidades de convertirse en una buena telenovela o una película de culto puede titularse Naricitas Blancas o Gripa Constipadita, por aquello de que todo gira en torno a cargamentos de pseudoefedrina que se convierten en cocaína… pero caramba: ¿Quién le manda a Ye Gon apellidarse Mal Karma, si -como decía el mal logrado y tenebroso conductor Paco Stanley- por una módica cuota en el registro civil te cambian de nombre? <<>>

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