Edgar Allan Poe

Recientemente me integré al grupo de colaboradores periodísticos de Yahoo! Associated Content para publicar textos sobre temas culturales en inglés. Mi primera orden de trabajo  -que en un sentido estricto era también mi examen de admisión-  fue escribir sobre mi literato favorito en 400 palabras. Ésta sería la primera ocasión en que no tendría un corrector de estilo en idioma inglés que bendijera mi texto y decidí que mi padrino para esta aventura fuera Edgar Allan Poe, mi escritor favorito a lo largo de mi infancia y adolescencia.

Edgar Allan Poe
Cortesía de W.S. Hartshorn/Wikipedia

¿Por qué Edgar Allan Poe? En primer lugar porque es un clásico de la literatura universal; luego porque es un escritor ícono de la literatura estadounidense -americana, le dicen sus coterráneos- y finalmente porque sus historias de horror psicológico son un referente constante y obligado en mi aún breve obra literaria.

Apenas estaba yo en la promoción de mi primer artículo publicado por Yahoo!, Edgar Allan Poe: Timeless Horror, Great Reading, cuando encontré en medios de comunicación internacionales que la casa-museo del escritor y periodista en Baltimore, que actualmente se sostiene de las aportaciones monetarias de los aficionados a la obra de Poe, podría cerrar en Junio de 2012 debido a que por segundo año consecutivo las autoridades del departamento de planeación presupuestal de la ciudad decidieron suspender subsidios para el recinto cultural al considerar que las actividades del museo no se ajustan a los criterios de “servicios básicos” para la población, aunque el diario The New York Times hace notar que Baltimore sigue financiando al museo del beisbolista Babe Ruth, a unas cuantas calles del de Poe.

No es necesario obviar lo lamentable que resulta que en épocas de crisis económica, los  gobiernos excluyan a las actividades culturales de las “prioridades” para la vida de la población, como si la ciudadanía estuviera integrada por simples bestias de trabajo sin opción de entretenimiento y enriquecimiento intelectual.

La cultura es lo que distingue a los humanos de otras especies en el planeta, y quizá en todo el universo. Entonces, la insensibilidad de políticos y administradores públicos ante las actividades culturales que no son rentables en términos financieros, que por cierto no es privativa de  los funcionarios de la ciudad de Baltimore, en el estado norteamericano de Maryland, da cuenta de un sistema sociopolítico inhumano, por cuanto que en cualquier sociedad civilizada, el desarrollo intelectual de los ciudadanos es tan importante como tener alimentos, un hogar seguro, agua y electricidad.

Un grupo de intelectuales estadounidenses,  encabezado por el actor y productor Mark Redfield, quien dio vida en 2006 a Poe en una película, ha convocado a firmar una petición dirigida a la alcalde de esa ciudad, Stephanie Rawlings-Blake, para que no se suspenda el financiamiento a la casa-museo, administrada actualmente por la Comisión para la Preservación Histórica y Arquitectónica de la alcaldía de Baltimore (CHAP, por sus siglas en inglés) .  Al momento de escribir este texto, la petición de los aficionados a la obra de Poe había rebasado las expectativas de reunir cinco mil firmas, sumando algo así como 5,922 peticionarios, que supongo irán aumentando al paso de los días y abrirán la puerta a la razón histórica para mantener funcionando el museo.

 

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Telebasura

Ver la televisión comercial abierta en México es lo más cercano a estar sometido a la terapia Ludovico de regeneración social que aplica el gobierno pseudobritánico a Alex DeLarge, el protagonista de La Naranja Mecánica (1962), novela de Anthony Burgess magistralmente interpretada en el celuloide por Stanley Kubrick en 1971.

Da lo mismo si das la vuelta de tuerca, es decir, si se intenta encontrar algo de entretenimiento decoroso en canales en Televisa o en Televisión Azteca y no hablemos aquí de información seria o cultura, que eso es parte de la dimensión desconocida. ¡Ah! y olvidémonos por un momento de CadenaTres, propiedad de la familia Vázquez Raña, oligopolista de los medios de comunicación impresos, que es apenas un solitario canal local del Distrito Federal con escasa producción original que no compite aún con el duopolio concesionado por el Estado mexicano.

Ante las opciones resultaría una cuestión de salud mental apagar la televisión y comenzar a navegar en la Internet; pero en México, a mediados de 2008, solamente el 13.5 por ciento de la población tenía acceso a una computadora con conexión a la red, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la cifra no parece haberse modificado sustancialmente durante el presente año en el entorno de recesión económica; de tal modo que la televisión abierta se convierte en el principal medio de comunicación y entretenimiento de las mayorías; pues paradójicamente -de acuerdo con las estadísticas oficiales- hay más gente con acceso a Internet que a la televisión de paga.

El efecto Naranja Mecánica que tiene el propósito de destruir hasta la última neurona de quien se ponga frente a la pantalla comienza en cualquier momento con contenidos saturados de morbo, humor obsceno, discriminación, estereotipos, cursilería, racismo, denigración, superchería y muchos más vicios disfrazados de denuncia y crítica moralina.

En la mañana, los programas ideados para ser vistos para las mujeres ofrecen ñoñas recetas de cocina junto con burdas descripciones pornográficas de técnicas de masturbación para “encender la pasión” de los maridos con problemas de erección.

Más tarde, los concursos en los que predomina la humillación de los participantes para obtener una recompensa de cinco o diez dólares hacen las delicias de los productores, aunque no me queda claro todavía si el público televidente los disfruta. Además de las telenovelas que poco o nada aportan a la creatividad televisiva, pues los estereotipos de la cenicienta y el patito feo siguen siendo la fórmula del éxito del entretenimiento para las clases populares, ahora los “noticiarios” de chismes de los actores que trabajan en las telenovelas son el plato fuerte de la programación: Patéticos hasta más no poder en razón de que a través de los comentarios de los conductores se pretende consolidar la educación moral y política de la población al tiempo que las noticias del acontecer nacional e internacional se vuelven un reality show donde egresados de las escuelas de actuación de las mismas televisoras se vuelven reporteros que posan ante las cámaras y las tragedias de la corrupción se musicalizan con solos de piano. La crítica y la libertad de expresión en la televisión abierta de México sólo son válidas si se habla contra los opositores del régimen y sus marrullerías.

El chiste cotidiano incluye invariablemente a un cantante afeminado, una india ladina y una falsa rubia de prominentes prótesis en el pecho. Al presidente de la República no se le pregunta jamás sobre la responsabilidad de funcionarios de su administración en el aumento desmedido de una criminalidad “organizada” que ya no se sabe si es escenografía y ruido de fondo o es real; pero se escarba minuciosamente en el oscuro pasado de ex-prostitutas devenidas en animadoras que sueñan con llegar a tener algún puesto en la política, y esto es todos los días, con cortes de 20 minutos de anuncios de las grandes corporaciones contra 10 de supuesto entretenimiento e información. Ni Burgess hubiese podido concebir una maquinaria de generación de basura psicológica tan perfecta, de producción impecable y tufo a podredumbre.

Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico” de Reporteros Sin Fronteras

www.silviameave.net