El Día Que Honduras Invadió México

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El Artículo 37 de la Ley de Migración de los Estados Unidos Mexicanos señala que para internarse en el país, todo extranjero debe presentarse en el “filtro de revisión” de cualquier puerto de entrada con documentos de identidad de su lugar de origen y, en su caso, una visa previamente solicitada para entrar a México.

Los visitantes exentos de presentar visa en México son los ciudadanos de Canadá, Estados Unidos de América, Japón, Reino Unido, cualquiera de los países europeos que integran el Espacio Schengen, los de los países miembros de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia y Perú), así como empresarios e inversionistas plenamente acreditados de la Región Asia Pacífico (APEC).

De tal modo que el ingreso multitudinario al país norteamericano de indocumentados, en su mayoría hondureños, ocurrido durante el fin de semana del 19 al 21 de Octubre 2018 es una flagrante violación a las leyes y soberanía mexicana, en nombre de la pobreza sistémica que se vive en esa nación desde el golpe de Estado en 2009.

En un sentido estricto, la irrupción ilegal de miles de extranjeros en el territorio mexicano tiene muchas aristas que no deben desdeñarse, como lo están haciendo muchos activistas pro Derechos Humanos en Norteamérica, que a lo largo de varias décadas han construido en el imaginario colectivo, el estereotipo emocional del buen migrante indocumentado, pobre y desesperado por alcanzar el sueño primermundista, el cual únicamente por esa condición supuesta, según la gente humanitaria, puede transgredir el contrato social que garantiza la libertad y la equidad dentro de los Estados.

La migración indocumentada no es un asunto que deba mirarse sólo bajo la lupa de los Derechos Humanos o de la pobreza producto del establishment neoliberal e imperialista. Sin ánimo de usar el chocante y racista vocabulario del presidente Trump, efectivamente es un tema de seguridad regional para Norteamérica, ese enorme barco comunitario al que nos subieron nuestros líderes políticos en 1994 y que por ratos parece naufragar.

INTRUSIÓN VIOLENTA

Los integrantes de la Caravana Migrante hondureña podían (y pueden aún ahora) solicitar una visa para desplazarse en México como visitantes o incluso pedir asilo humanitario temporal o permanente que es probable no se negaría a la mayoría. Sin embargo, una turba de miles de indocumentados ingresó a México por la frontera chiapaneca con violencia (apedreando a los policías federales que trataban de resguardar la aduana), y algunas fuentes periodísticas anuncian ya que se prepara una nueva oleada de desplazados que se sumaría a todos aquellos que, individualmente y por diversos medios, llegan al país con la intención de cruzar ilegalmente la frontera entre México y Estados Unidos, y al no conseguirlo se estacionan indefinidamente en el país.

Resulta evidente que en la primera incursión masiva, los ocultos líderes de los indocumentados centroamericanos buscaban provocar la represión de las autoridades migratorias mexicanas para fabricar un conflicto regional en carambola a cuatro bandas que enfrentase a México por igual con el gobierno hondureño y con la Administración Trump, y de paso aumentar la intensidad de la confrontación interna que persiste entre mexicanos desde la campaña política presidencial.

Baste mencionar que mientras el gobierno federal mexicano encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto se ha limitado a tratar de apegarse a las leyes de migración para controlar la irrupción ilegal de la Caravana Migrante, el mandatario electo Andrés Manuel López Obrador asumió el compromiso futuro de brindar refugio a latinoamericanos que huyen de sus naciones, y convertir los consulados mexicanos en Estados Unidos en “procuradurías de los migrantes”. Ambas posiciones – que no son obligadamente contradictorias – causaron revuelo y confrontación entre distintos sectores de la Opinión Pública norteamericana, sobre todo en México.

Los simpatizantes del presidente electo López Obrador piensan que la Administración Peña Nieto, al aplicar la ley, está convirtiendo a México en aduana estadounidense, idea reforzada por los tuiteos del señor Trump, aunque los mexicanos no deben minusvalorar la vulneración de la seguridad nacional a la que se someten sus fronteras sin un registro riguroso de todo extranjero que atraviese el país. Recuérdese que la entrada libre de colombianos a México ha propiciado el ingreso de bandas de la delincuencia organizada de ese país que ahora azotan a las ciudades más importantes de la nación.

Por otro lado, aunque el actual gobierno mexicano está haciendo lo que le corresponde ante la oleada de inmigrantes indocumentados, no ha sido lo suficientemente claro en explicar los acuerdos en la materia con el gobierno de Estados Unidos, ya que el presidente Trump, llevando agua a su molino electoral, como es su estilo, acentuó en su discurso xenófobo la técnica del apapacho y el garrote con su socio y vecino del sur.

En una retahíla de mensajes en Twitter, su medio de comunicación predilecto, el mandatario estadounidense publicó que “se están haciendo todos los esfuerzos posibles para evitar que el ataque (sic) de extranjeros ilegales cruce nuestra frontera sur. Las personas deben solicitar asilo en México primero, y si no lo hacen, los Estados Unidos los rechazarán (…)”.

Luego, en otro momento, escribió en tono apocalíptico que se estaba dando un asalto a su país en la frontera sur – si bien al cierre de esta edición los migrantes no han salido siquiera de Chiapas – y que con los hondureños venían criminales de Medio Oriente y traficantes de drogas (lo cual no está comprobado, aunque no puede descartarse), y remató que detener a la caravana “… es mucho más importante para mí, como presidente, que el comercio o el USMCA.”

O sea: Trump está aprovechando la irrupción de la Caravana Migrante para coaccionar a los gobiernos entrante y saliente de México y someter al país a sus dictados económicos, mientras asesta a los legisladores demócratas de su propio país un golpe de mercadotecnia electoral al acusarlos de poner en peligro a la Unión Americana con leyes migratorias “débiles”, en tanto que busca recortar el presupuesto para el desarrollo centroamericano como represalia por el éxodo indocumentado.

¿LA CIA, DETRÁS DE LA CARAVANA MIGRANTE?

Según fuentes oficiales hondureñas, el Partido Libertad y Refundación (LibRe) y el Partido Anticorrupción (PAC) están detrás de la llamada Marcha del Migrante o Caravana Migrante que salió el pasado 13 de Octubre 2018 de San Pedro Sula con alrededor de 6 mil integrantes, entre hombres, mujeres, niños y ancianos hacia los Estados Unidos de América, con el presunto objetivo de ingresar al territorio de la potencia norteamericana a buscar trabajo y vivienda.

Miembros de los partidos políticos mencionados rechazan la acusación del gobierno, asegurando que la organización de la caravana fue espontánea, aunque hay periodistas locales que creen que los organizadores apuestan a una intervención militar estadounidense en Honduras con el pretexto de frenar el hoy incontrolable éxodo indocumentado.

El senador republicano por Florida, Marco Rubio, también habló en Twitter de una situación prefabricada: “Si bien la migración ilegal a los Estados Unidos desde América Central está causada por una crisis real, la “caravana” de los migrantes fue fabricada por partidarios de una agenda radical que está utilizando a personas pobres y desesperadas para intentar avergonzar y minar a los Estados Unidos en la región. Pero va a ser contraproducente para ellos.”

Algunos analistas internacionales especulan, por otro lado, que grupos de poder econòmico interesados en la construcción del muro fronterizo entre Estados Unidos y México podrían ser los orquestadores de lo que pretende ser un desafiante éxodo masivo de países pobres al norte industrializado. Otros, como el periodista mexicano Juan Manuel Asai, señalan directamente a la CIA como promotora de la caravana, lo que de comprobarse, daría una dimensión inquietante a los auténticos propósitos de la oleada inmigrante, pues podríamos estar, entonces, ante un intento de desestabilización desde el norte en territorio mexicano durante el proceso de transición sexenal.

Como advierte Asai en su artículo “La Caravana Migrante de la CIA”, publicado en La Crónica de México, la mayoría de los migrantes son, a final de cuentas, instrumentos multipropósito del establishment y al margen de que ahí se da la primera violación a sus derechos humanos, también se están usando como arma biológica (en sentido literal) para acelerar la descomposición del tejido social y la identidad nacional de los mexicanos, socavados por la guerra anti-narco y la violencia del crimen organizado.

Desde luego, los miles de migrantes que viajan en la caravana están en grave peligro dentro del territorio mexicano; pero México, al permitir el paso franco y sin control de los hondureños, revela una vulnerabilidad que pone en el corto y en el largo plazo, a su población, a merced de cualquier crisis, desde sanitaria y alimentaria hasta terrorista

Nadie querría ver al ejército mexicano frenando a los migrantes hondureños ni que se repita la separación de familias que cruzan fronteras ilegalmente con niños y ancianos; pero, por seguridad regional, México debe tener un plan B ante el previsible rechazo estadounidense de los migrantes y potenciales infiltrados que inevitablemente se dispersarán en el territorio mexicano mientras aguardan su oportunidad para lograr sus objetivos. 

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#CDMX: La Misma Gata, pero Revolcada

Por si estaban preocupados: Diputados mexicanos aclaran que reforma política del Distrito Federal no es su transformación en un estado o entidad federativa, sólo será una “demarcación territorial” sui generis (diputada Cecilia Soto dixit) con un mayor número de burócratas.

Por lo pronto, la Asamblea “Constituyente” de la próximamente llamada Ciudad de México (CDMX) tendrá 40 por ciento de “diputados” designados por dedazo desde Senado, Presidencia de la República y el Gobierno del DF.

Los habitantes de las delegaciones capitalinas no deben aspirar ni en sueños a ser parte de algún municipio autónomo, que es la entidad administrativa básica de una república democrática.

Según la etimología latina, el concepto contemporáneo de municipio se remite al municipium romano, que era una ciudad libre que se gobernaba por sus propias leyes, aunque estaba asociada a la estructura política del imperio romano y que fue adoptado más tarde por el sistema republicano.

El artículo 115 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, correspondiente el título Quinto “De los Estados de la Federación y del Distrito Federal” establece que:

Los estados adoptarán, para su régimen interior, la forma de gobierno republicano, representativo,democrático, laico y popular, teniendo como base de su división territorial y de su organización política y administrativa, el municipio libre (…)

Dicho de otro modo, sin municipio libre, no hay base para una organización estatal que pretenda ser representativa y, por ende, democrática. Y por consiguiente, los habitantes del hoy agónico Distrito Federal, y capital más poblada de América Latina, seguirán (seguiremos) siendo ciudadanos de segunda categoría en el concierto democrático de la Globalización, con un costo estimado por algunas fuentes periodísticas, del 15 por ciento del presupuesto destinado al funcionamiento anual de las actuales delegaciones políticas.

Se puede anticipar así que por cambiar de nominación, los habitantes de la capital mexicana podrán ver un mayor deterioro de la ya cuestionada calidad de algunos servicios básicos públicos como el asfaltado de las calles, menos luminarias, menos agua, menos camiones de basura, menos patrullas de policía, menos transporte público; pero más “representantes” en un Congreso que pudiera entretenerse en todo el año, durante todo un sexenio en la elaboración de reglamentos y leyes que — de modo particular en la capital del país — nacen muertos invariablemente a causa de la inercia del caótico modus vivendi urbano derivado de la corrupción y la ausencia de autoridad micro-regional.

Dirían en mi pueblo que la reforma política del Distrito Federal es la misma gata, pero revolcada. El gatopardismo es la especialidad de la alta burocracia mexicana y después de casi dos décadas del intento de consolidar una auténtica democracia participativa, la capital se convertirá en un hoyo negro político y administrativo.

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El Reportero que Soñó con Ser Truman Capote y Mató al Periodismo

Ser periodista profesional implica tener muy claro que no hay excusas para el mal periodismo porque nuestros errores invariablemente conllevan una afectación social. Alejandro Sánchez no supo hacer su trabajo; pero ¿dónde estaban su jefe de información, su editor, sus correctores de estilo, todos los que dejaron pasar un producto periodístico deficiente?

“¡Ahora cualquier güey dice que hace reportaje!”. Las palabras de Alfonso Maya Nava, subdirector editorial de El Universal, uno de los diarios más importantes de México, vociferadas una tarde cualquiera, hace más de dos décadas, frente a un anónimo aspirante a reportero que se perdió en las sombras del tiempo, retumban en mi mente cada vez que estoy frente a una página en blanco, dispuesta a poner en orden el cúmulo informativo que debe trasladarse a un texto periodístico coherente y objetivo, que explique a mis lectores por qué ocurrió un acontecimiento y cómo afecta su vida y su destino.

Yo era una reportera novata; pero entendí de inmediato que, al margen del género periodístico que uno elija para desarrollar cada proyecto, es indispensable partir de una investigación sólida y una redacción impecable, de tal manera que nadie, empezando por el editor, pueda rebatir la veracidad de lo que se publica ni cuestionar su calidad.

Ciertamente, todo reportero aspira a hacer buenos reportajes porque su elaboración es de una gran complejidad y revelan dominio del oficio. Su redacción se basa en la investigación de todos los elementos que integran un acontecimiento noticioso y hay que analizar uno a uno de manera detallada, para ofrecer lo que podría definirse como una rendición de cuentas cotidiana de la sociedad — del propio Estado — a su Opinión Pública: ente virtual y evanescente, hija del sistema democrático, que aglutina a lectores, radioescuchas, teleauditorio, visitantes web o más recientemente seguidores.

Al reportero (o reportera) que publica un buen reportaje se le reconoce tácitamente como periodista, gente de oficio que domina todas las técnicas y géneros que conforman el periodismo interpretativo (long-form journalism).

El primer deber del reportajista es investigar exhaustivamente todos los aspectos de un acontecimiento, detectar anomalías sociales, económicas o políticas y entregar a la sociedad el informe puntual de sus hallazgos, para que ésta, en sus prerrogativas democráticas, corrija los problemas que deban corregirse para el adecuado funcionamiento del Estado.

Desde esta óptica, el periodismo de una nación (cualquiera) — el cuarto poder del Estado democrático — es el espejo donde se mira la sociedad entera. Tal vez para muchos de mis amables lectores, lo que digo es una perogrullada; pero hay indicios de que algunos que están dentro de la actividad periodística en México no lo saben, fingen que no lo saben o simplemente aplican la máxima cínica de “en este país no pasa ni pasará nada” y se valen del noble oficio del periodismo para su usufructo privado, que a estas alturas de la historia puede significar sólo una gratificación procaz como la efímera popularidad que dan las redes sociales.

Todo lo anterior viene a cuento porque el mal periodismo se ha escapado de los medios de comunicación tradicionales y comienza a inundar la Internet en detrimento del derecho a la información objetiva y veraz que reclama la sociedad globalizada. Las causas son multifactoriales y van de la mísera paga a reporteros, lo que crea el círculo vicioso de la improvisación laboral, a la exigencia de los dueños de los medios de dirigir visitantes a sus sitios web, mediante el viejo engaño de los encabezados sensacionalistas que garanticen ventas millonarias de espacios publicitarios.

El más reciente y lamentable caso de mal periodismo lo protagonizaron la ¿otrora? prestigiada revista emeequis, que dirige el periodista Ignacio Rodríguez Reyna, y uno de sus reporteros de nombre Alejandro Sánchez González (@alexsanchezmx), quien – por cierto — no aparece en el directorio de la revista ni como reportero ni como colaborador.

Una mala práctica periodística ¡de portada! de Sánchez González, que causó indignación entre cientos de lectoras de emeequis, se perpetró con un texto intitulado El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia), el cual aborda el caso de un joven mexicano que hace dos años ganó un certamen científico internacional y tiempo después asesinó y descuartizó a una menor de edad que se burló de su éxito y sus aspiraciones de estudiar en una universidad extranjera.

Debo especificar aquí que llegué al citado material periodístico (debo llamarlo de alguna manera) al caer en el garlito buscando datos nuevos sobre el crimen de impacto ocurrido en 2013. Sospechosamente, al final del texto, el autor aclara su trabajo del siguiente modo:

“Este reportaje es un texto periodístico de no ficción (sic). Todos los hechos descritos están basados en entrevistas y relatos de los protagonistas, expedientes judiciales, la evaluación sicológica (sic), correos electrónicos y mensajes de celular (sic).”

Podría descuartizar el párrafo arriba citado, palabra por palabra: ¿Hay periodismo ficticio, hay otro modo de hacer periodismo que no sean entrevistas, investigación en documentos, visitas a escenarios, etcétera?… No obstante, después de leer El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia), me limitaré a decir lo mismo que aquel periodista que rechazó el trabajo del anónimo novato, pues este texto que se coló a emeequis, revista ganadora de premios nacionales e internacionales de periodismo, es el perfecto ejemplo de lo que NO se debe publicar en ningún medio de comunicación profesional.

Desafortunadamente para Alejandro Sánchez, su texto no es periodismo, por donde quiera vérsele, pues no respeta la más elemental técnica de redacción periodística; pero tampoco es literatura, ya que la narración y las descripciones son muy pobres y tienen deficiencias gramaticales.

Sólo un muy buen amigo del autor, como el reconocido, respetable y generoso reportero Wilbert Torre, podía defender un texto indefendible, calificándolo como un error humano, para acallar la crítica de casi mil lectoras de emeequis que firmaron una petición de desagravio a la víctima del crimen relatado en un escrito que es simple y llanamente la apología de un feminicida:

“Javier parece en este momento el joven más frágil y solitario del mundo. Claudia Cañizo [la fiscal] y el agente que la acompaña se ven a los ojos y voltean hacia el techo del cuarto de interrogatorios para evitar que se les escapen algunas lágrimas.”

Si el autor de El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia) no demuestra que no es misógino, por lo menos debe demostrar que no es un advenedizo en el periodismo, ya que cometió un fraude profesional al asegurar que hizo una investigación y escribió un reportaje, cuando el resultado final fue, en el mejor de los casos, un texto folletinesco que ignora la voz de la víctima, sus familiares y amigos, y en el que no hay entrevistas a psiquiatras ni a expertos en criminología.

Ser periodista profesional implica tener muy claro que no hay excusas para el mal periodismo porque nuestros errores invariablemente conllevan una afectación social. Alejandro Sánchez no supo hacer su trabajo; pero ¿dónde estaban su jefe de información, su editor, sus correctores de estilo, todos los que dejaron pasar un producto periodístico deficiente?

Extraña que emeequis, una revista especializada en reportajes, que se creó un prestigio al publicar periodismo de investigación de calidad, no haya revisado – como debe ser – el texto de Alejandro Sánchez, antes de difundirlo. Extraña también que los defensores de Alejandro Sánchez González en redes sociales estén preocupados porque la indignación de las lectoras de emeequis por la publicación de un trabajo mal hecho ponga en riesgo su participación en un concurso de periodismo latinoamericano, cuando el único premio que debe importar a los reporteros es la confianza de la sociedad en su labor de investigación para acercarse a la verdad de los acontecimientos públicos. Extraña por igual que los community managers de emeequis en Twitter hayan bloqueado a sus lectoras que protestaron públicamente por el texto de Sánchez, y no aceptaran las críticas de quienes hacen posible que tengan un empleo digno.

No sirve de nada el trabajo de un medio de comunicación ni de sus reporteros si vulneran la veracidad de los acontecimientos, no propician la reflexión colectiva ni fomentan la libertad de expresión e información.

A exigencia de las lectoras de emeequis,  Alejandro Sánchez debió disculparse públicamente por lo que escribió, y en tono forzado se justificó argumentando que la familia de la víctima de feminicidio que se narra en su texto se negó a hablar con el reportero. ¿Es ético publicar un texto cuando falta información relevante para elaborarlo? Yo digo que no. El trabajo periodístico no tiene caducidad mientras no se complete el rompecabezas de un asunto de interés público. Además, hay técnicas especializadas para obtener en tiempo y forma, información sensible de las fuentes.

La redacción del texto de Sánchez es otro tema: En México, muchos reporteros no están acostumbrados a trabajar en equipo y el resultado de un buen trabajo de reporteo, sin apoyo en la redacción, puede terminar en una nota informativa mal escrita o una retahíla de transcripciones que carecen de análisis contextual y, por tanto, de verdadero interés periodístico.

Si hubiera una moraleja en la historia de El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia), sería la necesidad imperiosa y urgente de elevar la calidad del trabajo que se desarrolla en los medios de comunicación mexicanos y exigir el apego, por parte de sus reporteros, a la metolodogía elemental de investigación periodística, para que el país no acabe de desmoronarse en las manos de presuntos reporteros que sueñan con premios que quizá no merecen, y selfies junto a cadáveres de menores descuartizadas y fiscales que derraman lágrimas al interrogar a los asesinos. colgadas en la pared de su cubículo. ♥♥♥

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Welcome to #CDMX, Metrópoli de Primer Mundo

Parafraseando a Victor Hugo, la tuitera de la chula Ciudad de Mèxico tenía urgencia de barrer de gusanos la idea de dios; no convocó a otros ciudadanos a ayudar a alguien que necesita ropa, comida y refugio,

En cierto momento reciente, algún cuasi-anónimo y pizpireto funcionario del Gobierno del Distrito Federal de los Estados Unidos Mexicanos —comunicólogo (of course) avezado en el manejo de las redes sociales o social media, como les decimos en mi pueblo— tuvo la ocurrencia de jashtaguear el nombre de la Ciudad de México como #CDMX y esto, sin duda, pasará a la historia como el ingreso de la sociedad capitalina al primer mundo del planeta internet. Por lo menos lo consigno aquí para la posteridad 😉

La dichosa etiqueta #CDMX es algo así como un salvoconducto al recuento de los logros virtuales de la administración izquierdista de Miguel Angel Mancera y de una que otra protesta ciudadana, también virtual, que a final de cuentas se pierden todos los días en el efímero maremagnum de información, chistes y chismes que circulan en la web, y sin embargo van dibujando casi siempre en bosquejos de no más de 140 caracteres, una ciudad de vanguardia y próspera que vive por encima de los pequeños problemas propios de las urbes.

Y en la democracia, igualmente virtual, de la web que ha otorgado a los ciudadanos el poder de convertirse en el ojo que todo lo ve, la susodicha #CDMX no tolera los males y los vicios tercermundistas.

Tal vez por eso, @yaet_tete, una personaja virtualmente bien nacida, que se asume como habitante de “La chula Ciudad de Mèxico”, lanzó de pronto una retahíla de mensajes, cual ama de casa desesperada ante el hallazgo en su aséptica cocina de una cucaracha, todos idénticos a éste, aunque con diferentes destinatarios: 

Fueron tantos sus mensajes que llegaron de rebote a mi timeline tuitero, que finalmente atrapó mi atención y, en un primer momento no logré definir si el indigente sin ropa a la salida de la estación del metro le provocaba repulsión o una inquietud victoriana frente a la desnudez fuera de contexto; dudé si en algún momento sintió compasión o si únicamente la presencia de un excluido social arruinaba el panorama de su chula #CDMX. 

En mi mente cobraron vida las palabras de @yaet_tete, quien en el mundo real lo mismo podría ser una microempresaria con penthouse en el corazón de la colonia del Valle o una empleada doméstica de la zona del metro; pero de cualquier modo percibí en su petición un tufo fascista: “Retiren al sujeto; limpien la calle de la basura ¿humana? que me escandaliza porque destruye mis sueños de wannabe living in the developed world.”

Y es que la persona detrás del perfil @yaet_tete podría haber escrito: “Hay un indigente desnudo afuera del metro que necesita ayuda”. No obstante, demandó con ansiedad que lo retiraran, que se lo llevaran donde ella no pudiera verlo, donde ella u otros no pudieran tomar conciencia de que en las calles de la Ciudad de México cada vez hay más gente como él, que literalmente, ha perdido los calzones en la rueda de la fortuna de un sistema socioeconómico que se ufana ante los organismos rectores de la Globalización de estar dando, incluso a los inmigrantes indocumentados centroamericanos, las condiciones para una vida digna. 

Parafraseando a Victor Hugo, la tuitera de la chula Ciudad de Mèxico tenía urgencia de barrer de gusanos la idea de dios; no convocó a otros ciudadanos a ayudar a alguien que necesita ropa, comida y refugio,  no le inquietó la historia de alguien que en el mundo virtual debería estar gozando de los beneficios de estar en la rica y cosmopolita #CDMX, hecha a imagen y semejanza de las grandes capitales del mundo. 

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El protocolo de la policía es lo que dicta la ley: Se invita al indigente a que acompañe a los oficiales a un albergue y si se resiste, lo arrestan. Fin de la historia. ♥♥♥

 

 

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Beneficio de la Duda

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Conceder el beneficio de la duda tal vez sólo sirve para desestresar y mantener la esperanza en que la sociedad mexicana no está en la podredumbre, como tuitean cada microsegundo, medios de comunicación del establishment, periodistas independientes y los ciudadanos apocalípticos desintegrados.

Estoy embarcada en la aventura de poner a prueba el sistema de justicia de la Ciudad de México a raíz de un allanamiento a mi domicilio que no pasó a mayores gracias a la oportuna intervención de la policía (@POLICIA_CDMX) que detuvo al delincuente cuando intentaba huir, saltando azoteas y metiéndose también en otras casas.

El agente del Ministerio Público que atendió mi caso me dijo que podía terminar la diligencia ministerial haciendo mi declaración de hechos vía internet, si no quería pasarme todo el día en la fila de los agraviados, y ya recibiría en mi correo electrónico el número de averiguación previa e instrucciones de lo que procedería para que se juzgue al intruso delincuente.

Se oye bien; pero llegó el día de mi segunda comparecencia para ratificar y ampliar la declaración que hice vía internet. Llegué puntual a mi cita, únicamente para saber que la persona encargada de la Unidad de Recepción por Internet (URI) de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) me mandó a la fiscalía equivocada, lo que se tradujo al final del día en que un trámite de 30 minutos se llevara a cabo en cuatro horas.

Luego, el funcionario que me atendió, me puso como decíamos en la secundaria, “como moco de King Kong”, porque al usar el servicio URI del Ministerio Público no verifiqué personalmente que el delincuente se hubiese quedado detenido o que no haya sobornado a las autoridades que lo interrogaron en la fiscalía donde me presenté inicialmente, para que lo dejaran libre (¡¿?!).

O sea: Si un delincuente, por cierto, presuntamente originario del estado de Morelos, anduviera suelto de nueva cuenta en la capital mexicana sería simplemente porque yo acepté seguir el consejo de un moderno agente del Ministerio Público, de experimentar cómo funcionan los servicios del MP “virtual”.  Al menos eso fue lo que insinuó el fiscal que me mandó, no sin algo de razón, de regreso a la oficina donde inició todo el proceso de denuncia del delito.

Yo, empero, he decidido conceder el beneficio de la duda sobre los nuevos servicios de persecución del delito en la Ciudad de México porque mientras se resuelve el entuerto, me desestresará tratar de hacer de mis malas experiencias un reportaje.

Tabasco: El Futuro Humillado

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A pocos meses de iniciar su gestión como primer gobernador de la Izquierda en Tabasco, Arturo Núñez Jiménez (@nunezarturo) enfrenta focos rojos en el tema de la protección de los derechos de los niños.

Dos días después de que se conoció el secuestro, violación y sádico asesinato de dos niñas en el municipio de Cunduacán, se dio a conocer el video donde un funcionario menor del ayuntamiento de la capital tabasqueña, Villahermosa, robó cigarros a un pequeño vendedor y lo obligó a arrojar al suelo su mercancía para “verificar” que no trajera consigo más tabaco.

Aunque el burócrata Juan Diego López Jiménez oficialmente fue despedido, hasta el cierre de esta edición, no se sabía de que el gobierno de Núñez Jiménez o el gobierno federal hubieran actuado para proteger al menor que, según versiones de la prensa local, es un huérfano indígena tzozil, proveniente del vecino estado de Chiapas, que vende dulces y cigarros en la vía pública para mantener a sus hermanos más pequeños.

La violación de derechos de niños como el del video empieza desde que el Estado no cumple con su función de resguardarlos de vivir en la calle y garantizarles la educación que necesitan y merecen.

La humillación y abuso de autoridad cometidos por un burócrata contra el menor indígena causarán en el desarrollo de ese pequeño tanto o más daño que una golpiza, si no se le atiende adecuadamente.

Lamentablemente, éste es tan sólo un caso documentado, entre cientos o miles que suceden en todo el país y esta forma de violencia contra los niños es una de tantas formas de ir destruyendo el potencial del capital humano, del bono demográfico, que tiene México para salir de su crisis neoliberal.

Michael Stone, psiquiatra de la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos, ha demostrado en sus investigaciones que la historia de los criminales más sanguinarios empieza casi siempre en un acto de humillación cometido por un adulto en posición de autoridad.

¿Quién puede asegurar que si no se atiende a este niño y sus hermanos, no empezarán su adolescencia integrándose a las filas de la delincuencia organizada?

¿Cuántos niños humillados del ayer no se convirtieron en los últimos años en esos sicarios que han bañado de sangre a México?

Más allá de la firma de convenios de gobiernos locales y federal con instituciones como la UNICEF u organizaciones defensoras de derechos de la infancia, no hay datos que demuestren que se está resolviendo la problemática de niños como este pequeño tzotzil.

Si México no respeta a sus niños, dentro de una década veremos un país desintegrado socialmente, sin soberanía, humillado. <<>>

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Modus Operandi en Pueblo Chico

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Eran alrededor de las dos de la tarde del 26 de Diciembre 2011 cuando entré a la Bodega Aurrerá Xochimilco y me dirigí al mostrador de atención a clientes para cobrar un dinero que me enviaron de los Estados Unidos a través de MoneyGram. No era la primera vez y aunque las empleadas del establecimiento de repente hacen cosas raras como recolectar el dinero de los pagos de MoneyGram de las cajas registradoras o pagar cantidades importantes en billetes de baja denominación y monedas, siempre había pensado que todo entra dentro de lo folclórico de la tienda, cuya clientela es mayoritariamente semi-urbana e hipotéticamente de escasos recursos. Así que en ningún momento lo he considerado un lugar inseguro.

Hoy, como en otras ocasiones, me formé en la línea de espera de atención a clientes y cuando me tocó mi turno, le dije a la empleada que iba a cobrar un dinero de MoneyGram. Le di un papel con el número de referencia y mi identificación oficial. La empleada se fue a la computadora para buscar la transacción, cuando de improviso llegó de la calle una mujer gritando que la empleada de Bodega Aurrerá le había dado su dinero MoneyGram incompleto.

En ese momento, la mujer que estaba formada detrás de mi en la fila me preguntó que si le podía decir de qué talla era su pantalón para cambiar algo que había comprado. Se me hizo extraña esa petición; pero bajé la vista para checar la etiqueta del pantalón y rápidamente regresé a la escena de las mujeres que estaban discutiendo porque la recién llegada decía que la empleada le había robado parte de su dinero. En ese momento vi con sorpresa que la empleada entregaba a la mujer que venía de la calle mi identificación oficial y el papel con el número de mi transacción.

La presunta clienta que llegó de la calle tomó con naturalidad mis documentos y cuando estaba a punto de embolsárselos, le reclamé y, desafiante, le dije que los documentos que tenía eran míos y que me los devolviera. La mujer me dijo que la empleada le había robado dinero al cobrar en MoneyGram y eso la había trastornado. Le arrebaté mi documento de identidad y el papel con los datos de la transacción, mientras la supuesta clienta se daba la vuelta para salir del establecimiento comercial, a pesar de que insistió en que le faltaba dinero y la empleada aseguraba que le había entregado todo lo que debía cobrar.

Yo reclamé a la empleada de Bodega Aurrerá que sin más le hubiese entregado mis documentos a la mujer que vino de fuera, si estaba atendiéndome a mí; le dije que pusiera atención a su trabajo y le pedí su nombre. Sin embargo ignoró mis comentarios y se limitó a responderme que estaba nerviosa porque manejaba dinero y que no podia ocuparse de todo (¿?).

Alegué que yo había llegado desde antes que la supuesta clienta quejosa, solicitando la entrega de mi dinero y ella había dejado todo por atender a la mujer que se había colado a la fila y que, además, no tenía sentido ni había motivos para que entregara mis documentos a una persona extraña. Le pedí nuevamente mi dinero y me dijo de mala gana que no me lo iba a dar porque la persona que me envió el dinero desde Estados Unidos sólo registró mi apellido paterno y que mi identificación oficial tenía dos apellidos. Le comenté que anteriormente había cobrado dinero sin mayor problema; empero ella fue tajante y me dijo que debía pedir a la persona que me enviaba el dinero que corrigiera mi nombre para que coincidiera exactamente con mi identificación oficial, la cual tuve que arrebatarle porque mientras hablaba conmigo jugueteaba con ella, como un mago ilusionista que está a punto de desaparecer una carta debajo de la manga.

Mientras escribo esto recuerdo que perdí de vista a la mujer que me preguntó sobre la talla de su pantalón y creo que ella pudo ser una tercera en acción concertada para un intento de robo.

Quise hablar con el gerente de la tienda, que según me informaron, se llama Roberto Pérez. Sin embargo, el sujeto nunca apareció para atender mi reclamo, a pesar de que la jefa de seguridad de la entrada de personal lo voceó durante más de diez minutos a través de un radiolocalizador y por un micrófono, luego de que le expliqué cuál era el asunto que quería reportar.

Para ese momento yo estaba ya convencida de que la empleada y las dos presuntas clientas a mi alrededor estaban coludidas para robar mis documentos y cobrar mi dinero. No quiero imaginar si el gerente a esa hora sabía del incidente y por eso se negó a dar la cara.

Dado que no se consumó el delito de robo de mis documentos, no fui a levantar la denuncia al Ministerio Público; pero sí envié ya una nota de reclamo tanto a Walmart de México, consorcio propietario de Bodega Aurrerá, como a MoneyGram, empresa que confía sus transacciones de envíos de dinero a Bodega Aurrerá, para que investiguen a la empleada y a posibles cómplices, incluyendo al gerente; que podrían tener su modus operandi para despojar a quienes cobran remesas en esa zona de la Ciudad de México.

Por lo pronto, yo no volveré a la tiendita de la Mamá Lucha para cobrar mi lana MoneyGram, pues con una vez basta si la intención es lo que cuenta. <<>>

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