Dios Mío, Hazme Rubia Por Favor

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Josefina Vázquez MotaNo es un asunto menor que Josefina Vázquez Mota, la única mujer aspirante a la presidencia de la República -quien milita en el gobernante partido de la Derecha,  Acción Nacional- recién haya iniciado una transformación de su imagen física, de cara a la elección del próximo mes de julio 2012, con cirugías plásticas y cremas blanqueadoras de la piel de por medio, sin faltar el nada discreto color rubio cobrizo en el cabello, favorito de las damas de la alta sociedad mexicana, desde hace varias décadas, porque, dicen, las hace verse menos morenas (¿?).

Josefina quiere ser la primera presidenta de México; pero también se esfuerza por dejar atrás su apariencia mestiza, la piel morena con matices amarillos característica de la gente del pueblo, el cabello oscuro y los pómulos redondos: su mexicanidad; para, como decían en la época colonial, pasar por blanca e insertarse con ese nuevo aspecto en el entorno de los líderes internacionales de la era global.

Definitivamente, Josefina no tiene el discreto sex appeal de Cristina Fernández hoy viuda de Kirchner; pero tampoco el carisma natural de Dilma Rousseff. No es una mujer de oratoria y antes de ser funcionaria pública era medianamente conocida por su libro de superación personal titulado “Dios mío, hazme viuda por favor”.

Se nota que Vázquez Mota aprendió en su juventud las artes del arreglo personal en las empresas de cosméticos para la clase media en las que alguna vez laboró. Nada espectacular; pero así era ella y las huestes del Partido Acción Nacional (PAN) la acogieron sin remilgos. ¿Por qué, entonces, ahora quiere negar su esencia mestiza y las raíces indígenas de sus antepasados, para gobernar a más de cien millones de mexicanos con los que comparte su genética? ¿Por qué Josefina Vázquez Mota busca distanciarse étnicamente del pueblo al que aspira gobernar?

Al margen de su trayectoria profesional y su desempeño como funcionaria pública; olvidándonos de los momentos más desafortunados de su campaña electoral, como su entusiasta lapsus linguae de “¡vamos a fortalecer el lavado de dinero!” o el desconcertante “mi Agus ¡vamos a ganar y luego ¿qué vamos a hacer?!”, la Opinión Pública, sobre todo en las redes sociales, ha comenzado a cuestionar la transformación física de Josefina Vázquez Mota en su significado político más elemental: ¿A quién gobierna una persona que no se siente cómoda con identidad étnica y su apariencia, y se esfuerza en parecer lo que no es?

En el inconsciente colectivo de los mexicanos, las personas de piel blanca y cabello rubio son güerosgringos,  término que originalmente designaba a los soldados estadounidenses que invadieron el país de 1846 a 1848; pero que en el habla popular, desde entonces, también se extiende a cualquier extranjero blanco, rico y poderoso.

JVMAsí, querer ser güero (o güera) tiene una connotación aspiracional en la lucha de clases nacional, transmutada en racismo, que se refiere al mismo tiempo al intento por integrarse a los grupos sociales poderosos y al rechazo a los orígenes étnicos de las clases trabajadoras, compuestas historicamente por indígenas, afro-mexicanos y mestizos. Y es dentro de este marco conceptual que el cambio de imagen de Vázquez Mota resulta chocante para un amplio sector de la población. No sólo por lo que simboliza en términos psicosociales, sino porque perfila a una mujer que no se acepta a sí misma frente al espejo.

Parece que los asesores de imagen de Vázquez Mota buscan la complacencia de aquellos a quienes la candidata presidencial pretende igualarse en el Poder: los güeros, los gringos ricos y poderosos. Por lo menos, ésa es la señal política que envía al electorado y que podría ser factor de derrota en las urnas, en una época en la que las promesas no bastan para convencer a los votantes. <<>>
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2012: De la Dictadura Perfecta al Gatopardismo Obsoleto

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La cuenta regresiva para la sucesión presidencial en México ya empezó y los votantes de un proceso electoral que habrá de darse al término de un gobierno de legitimidad cuestionada a pesar de su origen en la joven “alternancia” democrática, debaten a últimas fechas en redes sociales y charlas de café si luego de doce años de haber echado al PRI (Partido Revolucionario Institucional) de Los Pinos, tras 70 años de permanencia, el país dejó de ser la dictadura perfecta y se puede hablar de que sus ciudadanos vivan una democracia que, si bien imperfecta, puede garantizar un reparto equitativo del poder político y su consecuente desarrollo socioeconómico de la población.

El temor de los votantes a que la guerra contra el “crimen organizado” emprendida por el actual mandatario, Felipe Calderón, contamine la batalla política es algo que inquieta a muchos. Los escenarios son diversos y algunos francamente apocalípticos. La tentación electoral de regresar al establishment corrupto, pero seguro -previo a la alternancia democrática- está latente y la intención del derechista Partido Acción Nacional (PAN) de aferrarse a la estructura Estatal para imponer su visión prerrevolucionaria al país parece más que evidente… ¿Es ésta la democracia con la que soñaban los mexicanos hace casi 45 años durante el primer gran movimiento ciudadano contemporáneo, de los estudiantes, en 1968?

Sin duda, sólo los beneficiarios de un entorno de miedo y estancamiento social (si no es que franco retroceso) pueden estar de acuerdo con los saldos de las políticas derivadas del gatopardismo padecido en México durante los últimos doce años. Únicamente los beneficiarios del gatopardismo pueden afirmar que el sistema político mexicano es en la “alternancia” una democracia y no un mero artificio electoral, rebasado por el activismo ciudadano que tiene en la Internet un nuevo código de comunicación política.

En menos de dos décadas, la partitocracia mexicana se anquilosó como opción democrática y se convirtió en estratagema discursiva que busca distraer a la sociedad civil sobre el verdadero reparto del poder en el país; y en este contexto, la guerra contra el narco se vuelve cortina de humo para justificar ante el mundo los ajustes de cuentas entre grupos de poder derivados de la corrupción. El PAN gobernante no tiene más que el nombre de lo que fue el principal partido opositor del PRI hasta la década de los ochentas.

En el proceso de “transición democrática” en 2000 se dio una desbandada de priístas de la peor reputación al PAN, algunos identificados desde los años 70s con grupos narcotraficantes. Los líderes panistas de viejo cuño, que eran empresarios católicos moderados, han ido muriendo, ya sea en accidentes o por enfermedades inexplicables, y sus lugares, ocupados por gente de sectas ultraderechistas que tienen dos misiones básicas: Una, imponer un régimen a modo, afín a los intereses de la oligarquía global (banqueros y petroleras principalmente) que no se pudo concretar con el PRI porque el régimen post-revolucionario generó sus propios dividendos políticos.

La otra, aparentemente, sería según lo documentado en diversas investigaciones periodísticas ya conocidas, devolver a un grupo original de poder fáctico, el control del negocio de las actividades ilícitas, luego de que literalmente, los enanos les crecieron a los jefes de las mafias y quisieron “independizarse” dentro del contexto de esa transición política.

¡En fin! El sistema político mexicano es corrupto desde su origen (hay que leer la historia de Juan Nepomuceno Guerra, prominente padrino narcopolítico de los años 30 para entender esto); sin embargo, las evidencias apuntan a que los grupos de poder enquistados en el PAN no son menos corruptos que los priístas, lamentablemente. Y de la Izquierda institucional, dominada desde hace más de veinte años por ex-priístas, no se puede hablar porque sus opositores no le han dejado gobernar.

Así, las próximas elecciones no se perciben como un ejercicio democrático de múltiples opciones, sino como el cumplimiento del rito gatopardista de un sistema político obsoleto, literalmente “pan con lo mismo”, cuyo eventual derrumbe puede ser muy costoso para la nación, si no se busca una auténtica transición a un modelo abierto de democracia, acorde a la vida de la aldea global del siglo XXI. <<>>

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Obama vs Osama: Urge Guionista de Hollywood

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Mi abuela solía advertir con afán moral a sus nietos que “para decir mentiras y comer pescado, hay que tener cuidado” y creo que esto aplica de manera particular cuando se construyen las mentiras oficiales, que yo equipararía con la joyería de fantasía, que hay que tratar con fineza para que no pierdan su falso color dorado de inmediato. Y ese fue el caso de la presunta muerte del otrora agente encubierto de los Estados Unidos, millonario socio y amigo de la familia Bush, devenido en terrorista: Osama Bin Laden.

La versión oficial asegura que un comando de soldados de élite de los Estados Unidos mataron a Bin Laden y luego lanzaron su cuerpo al mar para evitar que sus fans hicieran de su tumba un centro de veneración terrorista. Argumento razonable; pero, vamos, que me ha poseído el Diablo, y no creo la historia de la administración Obama, que se parece mucho a los cuentos de su antecesor George W. Bush (¿seguirán en sus puestos los mismos guionistas disfrazados de asesores políticos?), aunque sí me da curiosidad conocer la verdad.

Lo evidente -a ojos de analista de asuntos geoestratégicos- es que los videos de Bin Laden ya no causaban impacto en la sociedad y sus supuestas amenazas terroristas (si eran reales o no, no lo sabemos porque de este lado del mundo no entendemos el idioma árabe y debemos atenernos a las traducciones oficiales) estaban siendo rebasadas en extremo por la crisis financiera que estalló el 15 de Septiembre de 2008 y es la hora que no acaba, aunque los líderes del mundo nos ofrecen cotidianamente el recuento estadístico de que todo va “mejorando”.

Luego, para ser honestos, Bin Laden perdió credibilidad como terrorista en el momento en que se comenzó a divulgar el entramado de asociaciones de AlQaeda con los servicios de Inteligencia estadounidense y el golpe mortal sobre la guerra de Occidente contra el terrorismo lo asestó una de sus propias aliadas, la fallecida ex primera ministra pakistaní Benazir Bhutto, que en plena campaña para la reelección, en 2007, poco tiempo antes de su asesinato, (que en su momento se autoadjudicó un oscuro líder de… ¡AlQaeda!), aseguró en una entrevista de televisión que Osama ya era cadáver. La entrevista trascendió en aquellos días en Medio Oriente y es probable que a nivel regional la imagen de AlQaeda haya perdido lustre, sea como enemigo omnipotente o como gancho para reclutar locos resentidos con el mundo.

Desde luego, todo indica que la táctica de destrucción creativa del imperialismo en los países de la región medio oriental ya concluyó su primera fase y entonces, un personaje como Osama Bin Laden ya no es tan necesario para la labor de reconstrucción del tejido social y económico de naciones como Irak, Pakistán y Afganistán, donde lo que ahora urge es colocar toda clase de chácharas que se produzcan en Occidente para dar empleo a los que no acaban de sortear la recesión de la economía global.

Así pues, la presunta muerte de Osama Bin Laden, que aunque se supone que estuvo precedida de una estrategia de cacería militar de primer nivel, pues desde siempre fue un perseguido, se vio en pantalla como esa clase de telenovelas mexicanas que cuando no levantan el rating se terminan abruptamente con la desaparición de sus protagonistas.

Y si bien la muerte de Osama levantó en las primeras horas el rating del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y lo reposicionó rumbo a su reelección ante el elector común, ése que ha vivido de cerca la ausencia de alguno o algunos de sus familiares en nombre de la guerra contra el terrorismo; también es cierto que se podría haber elaborado un mejor guión, más consistente para el consumo de otros sectores sociales dentro y fuera de los Estados Unidos, que no dejara lugar a suspicacias. A final de cuentas, incluso desde el punto de vista legal, sin cuerpecito no hay difuntito y como todo el relato del asesinato de Bin Laden a manos de los heróicos marines procede de ellos mismos, el espacio para la especulación queda abierto.

Las leyes democráticas occidentales indican que a los criminales hay que llevarlos a juicio y, si se confirman sus delitos, se les debe dictar una sentencia acorde a los mismos, que no excluiría en muchos casos la pena de muerte. ¿Por qué, entonces, no brindar a la sociedad global un espectáculo de calidad, como el que se merece a cambio de sus impuestos, que han financiado la guerra? De verdad, hay excelentes guionistas en Hollywood que hubieran montado un magnífico final de película Obama versus Osama y sin el plus de las pifias de algunos medios de comunicación que por ganar la nota confundieron los nombres de los implicados en la historia, aunque a estas alturas ya no sé si las erratas tuvieron o no jiribilla… ¿O es que he visto muchas películas hollywoodenses y leído demasiados best sellers conspiracionistas? <<>>

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Mal Empieza la Semana Aquél al que Ejecutan en Lunes…

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Al menos eso dicen en mi pueblo. Y cuenta la leyenda que el mejor alcalde del mundo se creyó las palabras aduladoras del espejo mágico de Blanca Nieves y no resistió que un periodista cuestionara sus políticas sobre comunicaciones y transportes en la caótica capital mexicana.

El periodista, de nombre Andrés Lajous, criticó en el diario local El Universal el doble rasero de algunas políticas de Marcelo Ebrard, jefe del Gobierno del Distrito Federal, quien en la Aldea Global se promueve como eco-gobernante que viaja en bicicleta, cuando que en casa tumba reservas ecológicas para que los ricos se trasladen rápida y cómodamente en sus vehículos de emisiones CO2.

La leyenda plasmada en el timeline de Twitter, el chismógrafo online de mayor éxito en 2010, narra que Ebrard tiene como asistentes a un par de tontos con suerte (no sabemos aún si buena o mala), que aseguran haber estudiado en una institución académica que no existe -eso sí imaginariamente ubicada dentro de la UNAM- los cuales, queriéndose pasar en bluffeo, hicieron pública la supuesta satisfacción del “jefe” por ataques verbales que presuntamente propinaron al periodista en la web.

Mal empezó el año el mejor alcalde del mundo cuando confió en su vocero y un asesor que dizque tomó un curso de buenos modales o algo así en Cambridge para twittear: “PASE DE MIL, PASE DE MIL SEGUIDORES. TURURURUU. VAYA FORMA DE EMPEZAR EL 2011. !!!” (sic), sin darse cuenta de que los bonzos políticos, además de ser una diversión soez para las multitudes, atraen a depredadores, espías, mercadotécnicos y toda clase de fauna que analiza y procesa la información que se genera al interior de los grupos que rodean la gente de poder.

A Marcelo Ebrard lo ejecutarán políticamente el 3 de Enero 2011 porque rentó un par de malos patiños en lugar de estrategas de comunicación política con capacidad de construirle una imagen pulcra entre sus eventuales electores y, por lo menos entre la clase media intelectual que ronda Twitter, que tiene un nada despreciable poder de resonancia social, quedó como un político intolerante a la crítica periodística y un autócrata en potencia al que tendríamos que creerle menos de la mitad de lo que diga de ahora en adelante, en su ya de por sí accidentada carrera por la presidencia de la República.

Pero el daño a la carrera política de Ebrard gracias al fuego amigo de sus ayudantes no para ahí, porque el mensaje que contiene el juego twittero en la construcción (o destrucción) de una imagen pública también evidencia cómo se está haciendo uso de los recursos públicos, de los impuestos que pagan los ciudadanos por la marcha, en este caso de la ciudad, y qué se puede esperar si se sigue apoyando a un político que quizá tenga muchas virtudes, pero no la de comunicar de manera adecuada sus proyectos de gobierno para convencer a la ciudadanía, por la vía de la razón, de que sus decisiones realmente son benéficas para las mayorías.

En México cualquiera dice que sabe manejar redes sociales; pero lo cierto es que los que se dicen expertos y quieren dorarle la píldora a quienes desconocen el ciberespacio no han leído a los teóricos de la comunicación ni han estudiado técnicas efectivas de e-marketing, que son las bases de la “nueva” comunicación política y de la democracia del siglo XXI. Así, Ebrard y muchos otros suspirantes del poder, en México y en otros lugares también, estarán cavando sus tumbas electorales si no aprenden a aplicar las reglas básicas de las teorías políticas y sociales a las tecnologías de la información, que por cierto, se usan exitosamente en otras regiones del mundo. <<>>

Impunidad Mina Democracia en México

El año 2009 fue tal vez el peor en la historia contemporánea para los periodistas que trabajan en México. La organización Reporteros Sin Fronteras señala que desde el inicio de los gobiernos conservadores del Partido Acción Nacional (PAN) en 2000, han sido asesinados 60 comunicadores en todo el país, aunque las autoridades locales sólo se reconocen 58 muertes.

Tan sólo el año pasado se contabilizaron 12 muertes de periodistas y apenas iniciando 2010, dos periodistas, uno en Sinaloa y otro en Coahuila, fueron secuestrados y asesinados por grupos armados, mientras otro, también en Coahuila, está en calidad de desaparecido.

En este marco, hasta noviembre de 2009 la Comisión Nacional de Derechos Humanos en México recibió 78 denuncias sobre amenazas, intimidaciones, persecuciones, atentados y desapariciones forzadas de periodistas en todo el territorio, mientras que la censura y la autocensura están a la orden del día en las salas de redacción de los medios de comunicación.

La mayoría de los periodistas asesinados cubrían la información de la fuente policiaca; así que se cree que los crímenes contra periodistas están asociados a sus investigaciones sobre la delincuencia organizada. Y enfatizo que “se cree” porque prácticamente ningún caso, de los ocurridos desde 2000 se ha resuelto. No se sabe de detenidos ni de pistas ni de móviles exactos en torno a los asesinatos; y la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra Periodistas (FEADP), creada ex-profeso en el inicio de la administración de Felipe Calderón, más que coadyuvar a la resolución de los crímenes, se ha convertido en una ventanilla burocrática encargada de justificar las dilaciones en la investigación judicial de los asesinatos, según consta en diversos informes de organizaciones no gubernamentales, de organismos gremiales e incluso en recomendaciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que ha solicitado al gobierno mexicano que garantice investigaciones realizadas con seriedad, permitiendo el esclarecimiento de los hechos.

Al cabo de diez años de gobiernos opositores al antiguo régimen del partido único, el presidente de la Fundación para la Libertad de Expresión (Fundalex), Armando Prida Huerta, asegura que en México “decir la verdad cuesta hasta la vida”, lo que pone en tela de juicio al Estado mexicano como garante del derecho constitucional a la libertad de expresión como principio democrático y a la impartición de la justicia.

Aunque la FEADP minimiza en sus reportes públicos los presuntos móviles de los ataques contra los comunicadores, Reporteros Sin Fronteras ha colocado en el mismo nivel de peligrosidad para el ejercicio periodístico, a Afganistán, Somalia y México.

Mala señal para una nación que forma parte de varias asociaciones económicas internacionales de primer nivel y que en 2007 estaba a la mitad del camino en el índice de Estados fallidos de Foreign Policy, con una puntuación de 72 de 115, donde cero es riesgo nulo y 115 el caos y la disolución del Estado.

Mientras tanto, a la par de que el ambiente sociopolítico y económico de la nación se enrarece aceleradamente, conforme se acerca el último tramo de la actual administración, en las últimas semanas de 2009, reporteros en diversas entidades empezaron a notificar a colegas dentro y fuera de México que han recibido llamadas telefónicas anónimas intimidatorias, en sus oficinas y en sus teléfonos celulares, sugiriéndoles poner límites a sus investigaciones periodísticas o que se cuidaran de lo que opinan.

Tal vez es la delincuencia organizada, pero tal vez no. ¿Cómo comprobar la participación de esos entes agazapados en la oscuridad con poderío de facto si el Estado no ofrece a la sociedad investigaciones rigurosas y, sobre todo, la aclaración de los crímenes?

La impunidad de los delitos, y más aún los que se relacionan con ataques a la libertad de expresión, y su contraparte, el derecho ciudadano a la información, eje de la democracia, es caldo de cultivo para toda clase de corrupción social y de poder que conducen al surgimiento de Estados fallidos, entendidos como naciones con “instituciones débiles, vulnerables y en pleno deterioro”, según la definición de la revista Foreign Policy en un análisis del tema publicado en 2007.

Baste mencionar que cada vez es más frecuente leer en foros online de periódicos nacionales y estatales, o incluso en blogs ciudadanos, insultos y comentarios anónimos intimidatorios contra reporteros y articulistas, sin importar su tendencia o filiación política o su nivel de objetividad.

Hemos visto con frecuencia agresiones de multitudes enardecidas a reporteros de televisión que algunos identifican al servicio del gobierno y también hay usuarios anónimos de la web que bloquean las cuentas de redes sociales y blogs de los opositores al régimen con falsas denuncias de actividad ilícita. Y eso no se vale ni se permite en un Estado democrático.

El análisis de Foreign Policy 2007 sobre Estados fallidos dice que los problemas que acosan a los Estados en proceso de desintegración suelen ser muy similares: corrupción generalizada, clases dirigentes depredadoras que monopolizan el poder desde hace mucho tiempo, ausencia del imperio de la ley y graves divisiones étnicas o religiosas”, además de algunas otras variables aleatorias como la violencia urbana, la creciente pobreza extrema, la incapacidad de la nación para administrar adecuadamente sus recursos naturales y evitar la depredación de sus ecosistemas, por mencionar unas cuantas.

En un Estado fallido, la presunta delincuencia organizada, con sus anónimos y brutales maneras de “operar”, como queda demostrado en México con los levantones, secuestros, torturas y ejecuciones de periodistas, defensores de derechos humanos y empresarios, entre otros ciudadanos, se convierte en un eufemismo que solapa los intereses oscuros prácticamente de cualquiera: desde un edil corrupto hasta una autoviuda o un empresario defraudador, y cerrando el caso antes de abrirlo, los primeros sospechosos siempre son los sicarios del crimen organizado.

Tal vez sí, tal vez no. ¿Dónde están las pruebas? Al referirse a Irak y Afganistán, países con los que actualmente algunas organizaciones internacionales equiparan a México, por sus niveles de violencia y peligrosidad para el ejercicio del periodismo, Foreign Policy decía en 2007: “Sus experiencias prueban que no sirve de nada que se destinen miles de millones de dólares de ayuda a la seguridad y el desarrollo si no van acompañados de un gobierno con capacidad de actuar, dirigentes dignos de confianza y planes realistas para mantener la paz y desarrollar la economía. Igual que existen muchas formas de alcanzar el éxito, también hay muchas maneras de caer en el fracaso.”

Por supuesto, una de esas maneras de caer en el fracaso es, precisamente la impunidad, y más si esa impunidad daña uno de los bastiones más sensibles de la democracia: los periodistas que dan voz a los diversos puntos de vista de la sociedad sobre el desarrollo de una nación.

Si los periodistas, considerados el cuarto poder de los Estados democráticos, son vulnerables ante la impunidad que priva en México, ¿qué pueden esperar los ciudadanos “de a pie”, como decían antes a la gente del pueblo?

Los gobiernos federal y estatales están aún a tiempo de actuar y revertir cuanto antes el imperio de la impunidad en la vida de México, pero de modo especial la que impera en los delitos contra quienes ejercen el periodismo, quienes cumplen simplemente la tarea de informar a los ciudadanos sobre los acontecimientos que construyen día a día la historia del país. Si esto no se para cuanto antes, México se habrá perdido irremediablemente como nación libre y soberana.

Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico” de Reporteros Sin Fronteras

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Censura Web a la Mexicana

Si un político mexicano ocupa dos veces seguidas un espacio en mis reflexiones críticas sobre el clima de libertad de expresión en la aldea global, definitivamente puede estar en vías convertirse en “suspirante incómodo” de la carrera del cambio presidencial que cada sexenio se adelanta más y más como una consecuencia directamente proporcional a la debilidad política-administrativa de los protagonistas del momento.

Por lo pronto el caso que salta a la vista es el del gobernador príista de Veracruz, Fidel Herrera, quien en plena campaña para la realización de las elecciones intermedias en México, con el apoyo del Instituto Federal Electoral (IFE) y una empresa discográfica, EMI Music, volvió a dar la “nota de color” en materia de libertad de expresión para este blog al imponer la censura en YouTube de una video-parodia de la canción que interpreta Gael García en el filme Rudo y Cursi, que expone al gobernador veracruzano como un funcionario corrupto.

Suponiendo sin conceder, que el video presuntamente anónimo que ya circuló vastamente en la red — y no sólo en YouTube — es un libelo animado para desprestigiar al gobernador de reconocidas aspiraciones presidencialistas, lo coherente hubiese sido que el propio gobernador, o en su defecto, la institución gubernamental veracruzana, presentaran una demanda por difamación contra quien resultara responsable.

El gobierno de Herrera acusa al partido oficial, Acción Nacional, de ser autor intelectual y material de la video-parodia; pero hasta ahora no hay evidencias fehacientes de quién lo hizo. La video-parodia fue bloqueada en YouTube hace varios días. YouTube informó a los visitantes de su sitio web que EMI Music, propietaria de los derechos de la música de Rudo y Cursi había emitido una queja por el uso de la canción sin permiso de los autores.

El IFE, en México, dijo que había solicitado la remoción del video por contravenir la legislación electoral. Sin embargo, como es usual en la red, el video ahora está disponible en cientos de sitios web, alentando una polémica entre los cibernautas, en la que los grandes perdedores políticos han sido Herrera y el IFE, pues sin una orden judicial de por medio que justifique con evidencias la censura de la video-parodia, el gobernador y la institución electoral mexicana han sido equiparados con gobiernos como el chino o los de Cuba, Egipto, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudita y otra veintena que espían, censuran y controlan lo que se divulga en la Internet.

Resulta paradójico que en un país que se ufana de haber consolidado una democracia con alternancia partidista, amplio debate público y apertura informativa, las instituciones electorales se pongan al servicio de intereses políticos particulares que, en todo caso, deben dirimirse en una corte como parte de un ejercicio democrático saludable.

Si el gobernador Herrera ha sido difamado, entonces quienes pudieran haber cometido este presunto delito deberían ser sancionados. Pero si quien hizo la video-parodia está narrando hechos que podrían ser reales, entonces también ahí las autoridades mexicanas deben someter a revisión la gestión de Herrera al frente del gobierno de Veracruz y sancionarlo legalmente si fuera necesario o limpiar jurídicamente su reputación política.

A final de cuentas, los cibernautas no son televidentes pasivos, sino que conforman en su mayoría grupos ciudadanos críticos y participativos que han encontrado en la red un modo de hacer democracia a su manera, quizá la más libre posible en más de dos siglos.

Es lo que se prevé será la democracia del siglo XXI y si los políticos mexicanos persisten en trasladar el statu quo censor de la expresión pública (“lo que no se ve no existe”) de la televisión a la Internet, el golpe a la democracia será directo y frontal, con consecuencias impredecibles.

El gobernador Herrera, político hecho a la antigua usanza priísta, tiene por su parte que aprender a aceptar que la democracia se construye con lo que opina ahora, no sólo el “hombre de la calle”, sino los navegantes de la red que analizan, comentan y juzgan los temas que interesan a la sociedad.

Es su responsabilidad como funcionario público demostrar con pruebas que se le está dañando con fines políticos, porque la censura — según se lee en los comentarios de los cibernautas en muchos foros de opinión — deja en la Opinión Pública la idea de que intenta esconder algo.

Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico” de Reporteros Sin Fronteras

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