#CDMX: La Misma Gata, pero Revolcada

Por si estaban preocupados: Diputados mexicanos aclaran que reforma política del Distrito Federal no es su transformación en un estado o entidad federativa, sólo será una “demarcación territorial” sui generis (diputada Cecilia Soto dixit) con un mayor número de burócratas.

Por lo pronto, la Asamblea “Constituyente” de la próximamente llamada Ciudad de México (CDMX) tendrá 40 por ciento de “diputados” designados por dedazo desde Senado, Presidencia de la República y el Gobierno del DF.

Los habitantes de las delegaciones capitalinas no deben aspirar ni en sueños a ser parte de algún municipio autónomo, que es la entidad administrativa básica de una república democrática.

Según la etimología latina, el concepto contemporáneo de municipio se remite al municipium romano, que era una ciudad libre que se gobernaba por sus propias leyes, aunque estaba asociada a la estructura política del imperio romano y que fue adoptado más tarde por el sistema republicano.

El artículo 115 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, correspondiente el título Quinto “De los Estados de la Federación y del Distrito Federal” establece que:

Los estados adoptarán, para su régimen interior, la forma de gobierno republicano, representativo,democrático, laico y popular, teniendo como base de su división territorial y de su organización política y administrativa, el municipio libre (…)

Dicho de otro modo, sin municipio libre, no hay base para una organización estatal que pretenda ser representativa y, por ende, democrática. Y por consiguiente, los habitantes del hoy agónico Distrito Federal, y capital más poblada de América Latina, seguirán (seguiremos) siendo ciudadanos de segunda categoría en el concierto democrático de la Globalización, con un costo estimado por algunas fuentes periodísticas, del 15 por ciento del presupuesto destinado al funcionamiento anual de las actuales delegaciones políticas.

Se puede anticipar así que por cambiar de nominación, los habitantes de la capital mexicana podrán ver un mayor deterioro de la ya cuestionada calidad de algunos servicios básicos públicos como el asfaltado de las calles, menos luminarias, menos agua, menos camiones de basura, menos patrullas de policía, menos transporte público; pero más “representantes” en un Congreso que pudiera entretenerse en todo el año, durante todo un sexenio en la elaboración de reglamentos y leyes que — de modo particular en la capital del país — nacen muertos invariablemente a causa de la inercia del caótico modus vivendi urbano derivado de la corrupción y la ausencia de autoridad micro-regional.

Dirían en mi pueblo que la reforma política del Distrito Federal es la misma gata, pero revolcada. El gatopardismo es la especialidad de la alta burocracia mexicana y después de casi dos décadas del intento de consolidar una auténtica democracia participativa, la capital se convertirá en un hoyo negro político y administrativo.

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Welcome to #CDMX, Metrópoli de Primer Mundo

Parafraseando a Victor Hugo, la tuitera de la chula Ciudad de Mèxico tenía urgencia de barrer de gusanos la idea de dios; no convocó a otros ciudadanos a ayudar a alguien que necesita ropa, comida y refugio,

En cierto momento reciente, algún cuasi-anónimo y pizpireto funcionario del Gobierno del Distrito Federal de los Estados Unidos Mexicanos —comunicólogo (of course) avezado en el manejo de las redes sociales o social media, como les decimos en mi pueblo— tuvo la ocurrencia de jashtaguear el nombre de la Ciudad de México como #CDMX y esto, sin duda, pasará a la historia como el ingreso de la sociedad capitalina al primer mundo del planeta internet. Por lo menos lo consigno aquí para la posteridad 😉

La dichosa etiqueta #CDMX es algo así como un salvoconducto al recuento de los logros virtuales de la administración izquierdista de Miguel Angel Mancera y de una que otra protesta ciudadana, también virtual, que a final de cuentas se pierden todos los días en el efímero maremagnum de información, chistes y chismes que circulan en la web, y sin embargo van dibujando casi siempre en bosquejos de no más de 140 caracteres, una ciudad de vanguardia y próspera que vive por encima de los pequeños problemas propios de las urbes.

Y en la democracia, igualmente virtual, de la web que ha otorgado a los ciudadanos el poder de convertirse en el ojo que todo lo ve, la susodicha #CDMX no tolera los males y los vicios tercermundistas.

Tal vez por eso, @yaet_tete, una personaja virtualmente bien nacida, que se asume como habitante de “La chula Ciudad de Mèxico”, lanzó de pronto una retahíla de mensajes, cual ama de casa desesperada ante el hallazgo en su aséptica cocina de una cucaracha, todos idénticos a éste, aunque con diferentes destinatarios: 

Fueron tantos sus mensajes que llegaron de rebote a mi timeline tuitero, que finalmente atrapó mi atención y, en un primer momento no logré definir si el indigente sin ropa a la salida de la estación del metro le provocaba repulsión o una inquietud victoriana frente a la desnudez fuera de contexto; dudé si en algún momento sintió compasión o si únicamente la presencia de un excluido social arruinaba el panorama de su chula #CDMX. 

En mi mente cobraron vida las palabras de @yaet_tete, quien en el mundo real lo mismo podría ser una microempresaria con penthouse en el corazón de la colonia del Valle o una empleada doméstica de la zona del metro; pero de cualquier modo percibí en su petición un tufo fascista: “Retiren al sujeto; limpien la calle de la basura ¿humana? que me escandaliza porque destruye mis sueños de wannabe living in the developed world.”

Y es que la persona detrás del perfil @yaet_tete podría haber escrito: “Hay un indigente desnudo afuera del metro que necesita ayuda”. No obstante, demandó con ansiedad que lo retiraran, que se lo llevaran donde ella no pudiera verlo, donde ella u otros no pudieran tomar conciencia de que en las calles de la Ciudad de México cada vez hay más gente como él, que literalmente, ha perdido los calzones en la rueda de la fortuna de un sistema socioeconómico que se ufana ante los organismos rectores de la Globalización de estar dando, incluso a los inmigrantes indocumentados centroamericanos, las condiciones para una vida digna. 

Parafraseando a Victor Hugo, la tuitera de la chula Ciudad de Mèxico tenía urgencia de barrer de gusanos la idea de dios; no convocó a otros ciudadanos a ayudar a alguien que necesita ropa, comida y refugio,  no le inquietó la historia de alguien que en el mundo virtual debería estar gozando de los beneficios de estar en la rica y cosmopolita #CDMX, hecha a imagen y semejanza de las grandes capitales del mundo. 

yaet_indigente

El protocolo de la policía es lo que dicta la ley: Se invita al indigente a que acompañe a los oficiales a un albergue y si se resiste, lo arrestan. Fin de la historia. ♥♥♥

 

 

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Beneficio de la Duda

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Conceder el beneficio de la duda tal vez sólo sirve para desestresar y mantener la esperanza en que la sociedad mexicana no está en la podredumbre, como tuitean cada microsegundo, medios de comunicación del establishment, periodistas independientes y los ciudadanos apocalípticos desintegrados.

Estoy embarcada en la aventura de poner a prueba el sistema de justicia de la Ciudad de México a raíz de un allanamiento a mi domicilio que no pasó a mayores gracias a la oportuna intervención de la policía (@POLICIA_CDMX) que detuvo al delincuente cuando intentaba huir, saltando azoteas y metiéndose también en otras casas.

El agente del Ministerio Público que atendió mi caso me dijo que podía terminar la diligencia ministerial haciendo mi declaración de hechos vía internet, si no quería pasarme todo el día en la fila de los agraviados, y ya recibiría en mi correo electrónico el número de averiguación previa e instrucciones de lo que procedería para que se juzgue al intruso delincuente.

Se oye bien; pero llegó el día de mi segunda comparecencia para ratificar y ampliar la declaración que hice vía internet. Llegué puntual a mi cita, únicamente para saber que la persona encargada de la Unidad de Recepción por Internet (URI) de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) me mandó a la fiscalía equivocada, lo que se tradujo al final del día en que un trámite de 30 minutos se llevara a cabo en cuatro horas.

Luego, el funcionario que me atendió, me puso como decíamos en la secundaria, “como moco de King Kong”, porque al usar el servicio URI del Ministerio Público no verifiqué personalmente que el delincuente se hubiese quedado detenido o que no haya sobornado a las autoridades que lo interrogaron en la fiscalía donde me presenté inicialmente, para que lo dejaran libre (¡¿?!).

O sea: Si un delincuente, por cierto, presuntamente originario del estado de Morelos, anduviera suelto de nueva cuenta en la capital mexicana sería simplemente porque yo acepté seguir el consejo de un moderno agente del Ministerio Público, de experimentar cómo funcionan los servicios del MP “virtual”.  Al menos eso fue lo que insinuó el fiscal que me mandó, no sin algo de razón, de regreso a la oficina donde inició todo el proceso de denuncia del delito.

Yo, empero, he decidido conceder el beneficio de la duda sobre los nuevos servicios de persecución del delito en la Ciudad de México porque mientras se resuelve el entuerto, me desestresará tratar de hacer de mis malas experiencias un reportaje.