Welcome to #CDMX, Metrópoli de Primer Mundo

Parafraseando a Victor Hugo, la tuitera de la chula Ciudad de Mèxico tenía urgencia de barrer de gusanos la idea de dios; no convocó a otros ciudadanos a ayudar a alguien que necesita ropa, comida y refugio,

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En cierto momento reciente, algún cuasi-anónimo y pizpireto funcionario del Gobierno del Distrito Federal de los Estados Unidos Mexicanos —comunicólogo (of course) avezado en el manejo de las redes sociales o social media, como les decimos en mi pueblo— tuvo la ocurrencia de jashtaguear el nombre de la Ciudad de México como #CDMX y esto, sin duda, pasará a la historia como el ingreso de la sociedad capitalina al primer mundo del planeta internet. Por lo menos lo consigno aquí para la posteridad 😉

La dichosa etiqueta #CDMX es algo así como un salvoconducto al recuento de los logros virtuales de la administración izquierdista de Miguel Angel Mancera y de una que otra protesta ciudadana, también virtual, que a final de cuentas se pierden todos los días en el efímero maremagnum de información, chistes y chismes que circulan en la web, y sin embargo van dibujando casi siempre en bosquejos de no más de 140 caracteres, una ciudad de vanguardia y próspera que vive por encima de los pequeños problemas propios de las urbes.

Y en la democracia, igualmente virtual, de la web que ha otorgado a los ciudadanos el poder de convertirse en el ojo que todo lo ve, la susodicha #CDMX no tolera los males y los vicios tercermundistas.

Tal vez por eso, @yaet_tete, una personaja virtualmente bien nacida, que se asume como habitante de “La chula Ciudad de Mèxico”, lanzó de pronto una retahíla de mensajes, cual ama de casa desesperada ante el hallazgo en su aséptica cocina de una cucaracha, todos idénticos a éste, aunque con diferentes destinatarios: 

Fueron tantos sus mensajes que llegaron de rebote a mi timeline tuitero, que finalmente atrapó mi atención y, en un primer momento no logré definir si el indigente sin ropa a la salida de la estación del metro le provocaba repulsión o una inquietud victoriana frente a la desnudez fuera de contexto; dudé si en algún momento sintió compasión o si únicamente la presencia de un excluido social arruinaba el panorama de su chula #CDMX. 

En mi mente cobraron vida las palabras de @yaet_tete, quien en el mundo real lo mismo podría ser una microempresaria con penthouse en el corazón de la colonia del Valle o una empleada doméstica de la zona del metro; pero de cualquier modo percibí en su petición un tufo fascista: “Retiren al sujeto; limpien la calle de la basura ¿humana? que me escandaliza porque destruye mis sueños de wannabe living in the developed world.”

Y es que la persona detrás del perfil @yaet_tete podría haber escrito: “Hay un indigente desnudo afuera del metro que necesita ayuda”. No obstante, demandó con ansiedad que lo retiraran, que se lo llevaran donde ella no pudiera verlo, donde ella u otros no pudieran tomar conciencia de que en las calles de la Ciudad de México cada vez hay más gente como él, que literalmente, ha perdido los calzones en la rueda de la fortuna de un sistema socioeconómico que se ufana ante los organismos rectores de la Globalización de estar dando, incluso a los inmigrantes indocumentados centroamericanos, las condiciones para una vida digna. 

Parafraseando a Victor Hugo, la tuitera de la chula Ciudad de Mèxico tenía urgencia de barrer de gusanos la idea de dios; no convocó a otros ciudadanos a ayudar a alguien que necesita ropa, comida y refugio,  no le inquietó la historia de alguien que en el mundo virtual debería estar gozando de los beneficios de estar en la rica y cosmopolita #CDMX, hecha a imagen y semejanza de las grandes capitales del mundo. 

yaet_indigente

El protocolo de la policía es lo que dicta la ley: Se invita al indigente a que acompañe a los oficiales a un albergue y si se resiste, lo arrestan. Fin de la historia. ♥♥♥

 

 

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Publicidad Oficial y Censura en Medios: Caso Forum

La entrega de recursos financieros del Estado a los medios de comunicación vía publicidad e inserciones pagadas es un asunto polémico y un arma de dos filos. Si se plantea que los medios de comunicación son el cuarto poder del Estado y que los otros poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) requieren divulgar información a través de los medios, entonces el gasto en difusión resulta obligado para los gobiernos; pero si el uso o restricción del dinero de los contribuyentes fiscales se convierte en instrumento de manipulación informativa o abierta censura sobre quienes tienen la función de informar y analizar la realidad, se trastocan valores elementales de la democracia.

De siempre, en México, la relación entre gobiernos y medios de comunicación invariablemente ha estado sujeta a los vaivenes del uso y abuso de los gastos de publicidad. Funcionarios en turno y grupos políticos premian o castigan a los dueños de los medios de comunicación, según el nivel de apoyo o crítica que muestren en la información difundida a la Opinión Pública.

Por lo menos desde los años 70s del siglo XX, se ha dado una larga lista de medios de comunicación mexicanos sobre los que se ha ejercido censura a través de la publicidad oficial y la alternancia partidista que se acentuó a partir del año 2000 no ha evidenciado cambios sustanciales en el manejo de publicidad gubernamental.

Más aún, varios periodistas denuncian que los gobiernos vinculados con la clase empresarial extienden su poder más allá del ámbito político y aplican boicots publicitarios a los medios que critican su desempeño. Esto golpea de manera especial a los medios impresos.

Es bien sabido que estos atraviesan por una gran crisis causada por su dificultad para competir con los medios online, por la disminución de su público lector empobrecido por la recesión financiera global acentuada en el último año y por los recortes de las empresas en publicidad.

En ese entorno, muchos diarios y revistas en México han quedado a merced de la buena o mala voluntad de los gobiernos para asignar publicidad oficial. Uno de los casos más recientes de censura basada en boicots publicitarios es la revista Forum, que publica el periodista Eduardo Ibarra Aguirre en la Ciudad de México desde hace 18 años y que a principios de Septiembre sólo apareció en su versión online ante la falta de recursos financieros para sacar a la luz su tradicional edición impresa.

Desde luego, el editor y los colaboradores de Forum reclaman la discrecionalidad con la que el gobierno federal asigna recursos publicitarios a los medios de comunicación; pero también salta a la vista un dilema que debe ser discutido ampliamente, tanto por los periodistas como por la ciudadanía que exige medios de comunicación indepedientes y objetivos. En algunos países hay diarios, revistas, webzines, programas radiofónicos y de televisión patrocinados por el público bajo esquemas sin fines de lucro; pero en México, donde la cultura de la información está enraizada en un minúsculo segmento de la clase media ilustrada, actualmente en franco deterioro económico, el reto de mantener publicaciones que cumplan con una función informativa de tipo social es avasallante.

Todos debemos tener presente que la crítica periodística es uno de los pilares de la democracia y es una válvula de escape y desactivación de conflictos sociales. Así que cerrar los espacios de libre expresión genera mayor animadversión contra los gobiernos censores y pone en riesgo la estabilidad democrática.

La desaparición de medios impresos y su refugio en la web no resuelve problemas de fondo porque todavía hay segmentos poblacionales que no están en la red y que, sin embargo, han sido consumidores tradicionales de diarios y revistas.

Aparte, resulta un severo golpe a todos los sectores productivos relacionados con la industria editorial y de las artes gráficas, que no se puede desaparecer por decreto en un entorno económico recesivo.

Ante este panorama, periodistas y ciudadanos estamos obligados a encontrar nuevas estrategias de financiamiento de los medios de comunicación para evitar su desaparición por falta de dinero o la autocensura por temor a perder las fuentes de ingreso. Los Estados, por otro lado, deben reglamentar de manera clara y transparente la asignación de recursos para publicidad oficial.

Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico” de Reporteros Sin Fronteras

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