Censura Web a la Mexicana

Si un político mexicano ocupa dos veces seguidas un espacio en mis reflexiones críticas sobre el clima de libertad de expresión en la aldea global, definitivamente puede estar en vías convertirse en “suspirante incómodo” de la carrera del cambio presidencial que cada sexenio se adelanta más y más como una consecuencia directamente proporcional a la debilidad política-administrativa de los protagonistas del momento.

Por lo pronto el caso que salta a la vista es el del gobernador príista de Veracruz, Fidel Herrera, quien en plena campaña para la realización de las elecciones intermedias en México, con el apoyo del Instituto Federal Electoral (IFE) y una empresa discográfica, EMI Music, volvió a dar la “nota de color” en materia de libertad de expresión para este blog al imponer la censura en YouTube de una video-parodia de la canción que interpreta Gael García en el filme Rudo y Cursi, que expone al gobernador veracruzano como un funcionario corrupto.

Suponiendo sin conceder, que el video presuntamente anónimo que ya circuló vastamente en la red — y no sólo en YouTube — es un libelo animado para desprestigiar al gobernador de reconocidas aspiraciones presidencialistas, lo coherente hubiese sido que el propio gobernador, o en su defecto, la institución gubernamental veracruzana, presentaran una demanda por difamación contra quien resultara responsable.

El gobierno de Herrera acusa al partido oficial, Acción Nacional, de ser autor intelectual y material de la video-parodia; pero hasta ahora no hay evidencias fehacientes de quién lo hizo. La video-parodia fue bloqueada en YouTube hace varios días. YouTube informó a los visitantes de su sitio web que EMI Music, propietaria de los derechos de la música de Rudo y Cursi había emitido una queja por el uso de la canción sin permiso de los autores.

El IFE, en México, dijo que había solicitado la remoción del video por contravenir la legislación electoral. Sin embargo, como es usual en la red, el video ahora está disponible en cientos de sitios web, alentando una polémica entre los cibernautas, en la que los grandes perdedores políticos han sido Herrera y el IFE, pues sin una orden judicial de por medio que justifique con evidencias la censura de la video-parodia, el gobernador y la institución electoral mexicana han sido equiparados con gobiernos como el chino o los de Cuba, Egipto, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudita y otra veintena que espían, censuran y controlan lo que se divulga en la Internet.

Resulta paradójico que en un país que se ufana de haber consolidado una democracia con alternancia partidista, amplio debate público y apertura informativa, las instituciones electorales se pongan al servicio de intereses políticos particulares que, en todo caso, deben dirimirse en una corte como parte de un ejercicio democrático saludable.

Si el gobernador Herrera ha sido difamado, entonces quienes pudieran haber cometido este presunto delito deberían ser sancionados. Pero si quien hizo la video-parodia está narrando hechos que podrían ser reales, entonces también ahí las autoridades mexicanas deben someter a revisión la gestión de Herrera al frente del gobierno de Veracruz y sancionarlo legalmente si fuera necesario o limpiar jurídicamente su reputación política.

A final de cuentas, los cibernautas no son televidentes pasivos, sino que conforman en su mayoría grupos ciudadanos críticos y participativos que han encontrado en la red un modo de hacer democracia a su manera, quizá la más libre posible en más de dos siglos.

Es lo que se prevé será la democracia del siglo XXI y si los políticos mexicanos persisten en trasladar el statu quo censor de la expresión pública (“lo que no se ve no existe”) de la televisión a la Internet, el golpe a la democracia será directo y frontal, con consecuencias impredecibles.

El gobernador Herrera, político hecho a la antigua usanza priísta, tiene por su parte que aprender a aceptar que la democracia se construye con lo que opina ahora, no sólo el “hombre de la calle”, sino los navegantes de la red que analizan, comentan y juzgan los temas que interesan a la sociedad.

Es su responsabilidad como funcionario público demostrar con pruebas que se le está dañando con fines políticos, porque la censura — según se lee en los comentarios de los cibernautas en muchos foros de opinión — deja en la Opinión Pública la idea de que intenta esconder algo.

Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico” de Reporteros Sin Fronteras

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Vera-cruz de Navajas

Hacer seguimiento de la información relacionada con las violaciones a la libertad de expresión y el derecho a la información resulta más difícil de lo que uno pueda imaginarse, porque diariamente hay cientos de casos para ser analizados y monitoreados. Unos son trágicos e indignantes como el reciente asesinato del periodista de la televisión guatemalteca Rolando Santis. Otros, son inquietantes por la carga de censura y discriminación que conllevan, sobre todo si los incidentes están relacionados con figuras de autoridad.

Este ha sido el caso del gobernador del estado mexicano de Veracruz, Fidel Herrera, quien afirmó recientemente que la publicación en los medios de comunicación sobre la violencia contra las mujeres es “apología” de ese delito y, por lo tanto, incitaría a quienes ven, oyen o escuchan las noticias a violentar a las mujeres.

El mandatario estatal incluso invocó una ley local que se refiere al papel de los medios de comunicación para evitar la violencia de género. ¿Qué clase de democracia puede ser la que cree que la “omertà” (término del siglo dieciseis para designar un código de silencio dentro de la Cosa Nostra) es la solución a los males de la sociedad? ¿O es que se pretende aplicar el ridículo principio “new age” de que hay que ignorar algo para que no exista?

Pareciera que el Congreso y el gobierno del estado mexicano de Veracruz han olvidado la diferencia entre periodismo y reality show, al pretender medir con la misma vara a quienes hacen una labor de denuncia social y quienes explotan el morbo que genera la nota roja.

La vida democrática tiene uno de sus pilares en el binomio de libertad de expresión y derecho a la información, y por lo tanto no puede haber más restricciones al respecto que los principios éticos de veracidad y objetividad. Si se demuestra que alguien miente, se le debe sancionar; pero solamente los regímenes totalitarios controlan qué información puede circular y cómo se va a difundir.

Vale aquí recordar que los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez se redujeron significativamente cuando los periodistas -por cierto en su gran mayoría mujeres periodistas de varios países- comenzaron a indagar ahí donde las autoridades judiciales no se atrevían a investigar.

¿Es el silencio el modo veracruzano de fomentar la equidad de género y la dignificación de las mujeres? ¿El silencio fortalece los derechos humanos?

Según el gobernador Herrera, “la divulgación de eventos traumáticos” sirve “sólo como ejemplo para que quienes no los practican los puedan practicar”; pero se le olvida que el único aliciente de la criminalidad es la impunidad y en las sociedades donde las leyes se aplican correctamente y los delitos tienen un castigo, no hay espacio para la ilegalidad.

La paradoja del gobierno y el Congreso veracruzano al emitir su fracción octava del artículo 7 de la “Ley 235” que prohibe la difusión de información relacionada con la violencia de género es en sí misma un acto de violencia de género, pues de manera indirecta impide la denuncia pública de actos violentos en contra de las mujeres.

El gobernador de Veracruz -como dicen los psiquiatras- me retrotrajo a mis tiempos de estudiante universitaria, cuando en una clase de Teorías de los Medios de Comunicación, los estudiantes sostuvimos un debate sobre las violaciones del derecho a la información por parte de quienes tienen en sus manos el deber de informar con la verdad, sean autoridades o sean medios de comunicación. Nosotros mismos etiquetamos las violaciones del derecho a la información como la “Ley de la Cruz de Navajas”, en alusión a aquella canción del grupo español Mecano que refiere textualmente:

“Sobre Mario de bruces tres cruces;
una en la frente, la que más dolió.
Otra en el pecho, la que le mató;
y otra miente en el noticiero…”

Artículo publicado originalmente en “Anecdotario Periodístico” de Reporteros Sin Fronteras

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